lunes, 21 de abril de 2008 1:42
Abel Gilbert
Festejos en Asunción, y un pasaporte falso
Y al final cayó Roma.
Sesenta años de gobiernos colorados y corruptos han terminado en Paraguay por la fuerza de los votos. Nadie sabe muy bien lo que viene, o lo que podrá hacer el obispo Fernando Lugo. Pero esta noche, cuando que camino por las calles de Asunción, en momentos que cruzo Chile y Palma, advierto por primera vez expresiones de alegría y esperanza. La gente se abraza. La gente canta. La gente siente que se ha terminado un ciclo ominoso.
Este país se convirtió en una máquina expulsora. Hay más de un millón de paraguayos en la Argentina. Y ahora, comienza a constituirse una comunidad paraguaya en España. En su primer discurso, Lugo dijo que sueña con un país donde la gente no tenga que huir despavorida por la miseria.
En la calle, una simpatizante de la coalición ganadora me entrega un "pasaporte" de cartón.
-Recuerdos de un día histórico- dice al extender su mano.
Lo abro. Es el "pasaporte" del actual presidente, Nicanor Duarte. Y, sobre la fotografía, hay un sello estampado. El sello dice, en letras grandes, "que viajen ellos". Y, en el dorso: "desde hace años, además de algodón, soja y carne, Paraguay exporta también seres humanos...Para expulsar a la mafia y la corrupción, para que la mayoría verdaderamente decida, ellos tienen que irse de una vez".
-¿Tu crees que alguién recibiría a estos bandidos en el exterior?-, pregunta la chica, pero no me da tiempo a responderle (menos mal, ¿qué habría podido decirle?). La marea de simpatizantes la arrastra. Me quedo con el "pasaporte" de cartón, un documento falso de las ilusiones más verdaderas, impreso en el paraíso de las adulteraciones.