Con esa manía a veces tan costumbrista de comenzar una casa por el tejado, Buenos Aires se propone estrenar en octubre un sistema de bicing que intenta mirarse en el espejo de la experiencia de Barcelona.

            -¡Genial!- he escuchado decir por estas horas.

            Hay otras voces que son más precavidas.

            -Quiero verlo con mis propios ojos.

            Y, además, proliferan pronósticos muy muy muy escépticos.

            -¿En Buenos Aires? Imposible. No va a funcionar.

            -¿Por qué? Es muy fácil. Habrá estaciones distribuidas en la ciudad y las personas que usen el bicing podrán retirar de allí la bicicleta y devolverla en otra estación cercana a su destino-, intenta explicar alguien que sí quiere creer en los milagros.

            En Buenos Aires el tránsito está completamente dislocado. Y los ciclistas también son arte y parte del problema que tantas muertes ocasiona. La inmensa mayoría no utiliza un casco protector. Tampoco espejos retrovisores, o luces para circular de noche. No respetan los semáforos, esquivan automóviles cuando estos se detienen, van a contramano, incluso por avenidas, chocan entre sí, suben a las aceras y descienden donde les da la gana, llevan niños en el manubrio o en la parte trasera, sin las más mínimas condiciones de seguridad.

            Cito lo que un perplejo editor del diario Clarín, Guillermo Allerand, escribió acerca de la quimera ciclista del gobernador capitalino Mauricio Macri. La glosa es completa:

           

            En medio de problemas crecientes en el tránsito porteño, debidos en parte al aumento de la cantidad de vehículos que circulan por las calles, y sobre todo a ese gen de nuestros habitantes por no cumplir con las reglas, la Comuna propone la creación de un sistema que sería fantástico si funciona: moverse en bicicleta por un precio accesible y en senderos protegidos de la violencia de otros conductores. Habrá que esperar, primero, que los taxistas acepten más carriles exclusivos para el transporte, que la gente no se robe las bicicletas y, al fin, que todos, incluidos los ciclistas, respeten al otro y a las leyes.

             

            Además de soñar una ciudad con su eficiente red de bicing desplegada a lo largo y ancho del mapa, y con usuarios responsables, la Legislatura de esta ciudad autónoma dio luz verde para la contrucción de nuevas líneas de metro.

            -¡Al fina tendremos nueve!- exclama un usuario frecuente de la Línea B.

            Alguna vez, Buenos Aires fue pionera en la construcción de metros (el subte, como lo llaman aquí). Las promesas de recuperar ese impulso se han renovado en los últimos años y hasta se construyeron cinco estaciones de una nueva línea, la H.  Mientras se proyecta hacer del suelo de Buenos Aires un gran queso gruyere, la realidad enseña a tener paciencia. La ampliación de un kilómetro y medio de la Línea B se ha iniciado hace más de tres años y aún no ha concluído.

            Será mejor caminar.