El barrio de Belgrano está conmocionado por la llegada de un nuevo vecino, que no es ilustre, aunque sí famoso, al menos para la televisión. Ricardo Barreda, un odontólogo de 72 años que en 1992 asesinó a escopetazos a su esposa, sus dos hijas y su suegra de 86 años, se ha mudado a un apartamento en la calle Vidal. Allí vive con su novia Berta, una maestra jubilada.

            Barreda se encuentra entre cuatro paredes, bajo arresto domiciliario, mientras sus abogados buscan que el Tribunal Supremo de por concluída su condena a cadena perpetua y, así, el odontólogo, puede salir otra vez a la calle.

            Barreda vivía en La Plata, a unos 50 kilómetros de esta ciudad. Dijo que mató a su familia porque lo habían convertido en objeto de mofa y escarnio. A la distancia, y tras haber purgado la condena como un preso modelo, asume su contrición.

            Los informes psicológicos advierten no obstante que Barreda tiene una "personalidad irritable" y puede perder el control. Es por eso tal vez que algunos medios siguen de cerca su caso. En las esquinas, hay cronistas que aguardan camuflados una inminente fatalidad.

            Mientras Barreda se mudaba de una celda al coqueto barrio de Belgrano, comenzaba en la provincia de Córdoba el juicio contra el general Luciano Benjamín Menéndez, uno de los carniceros de la última dictadura militar. Menéndez, entonces comandante del III Cuerpo de Ejército, infundía miedo entre propios y extraños. Hoy, a los 81 años, confiesa, a diferencia del odontólogo, que no tiene el más mínimo remordimiento por lo que hizo. Si podría, si la edad y las circunstancias se lo permitieran, Menéndez volvería a hacer lo mismo o, en todo caso, redoblaría el ejercicio de la crueldad.

            Aunque cueste creerlo, Barrerda tiene más minutos en las pantallas que este histórico proceso judicial. Cuesta entenderlo, pero es así.

           La bizarra celebridad del odontólogo solo quedará eclipsada en caso de que Carlos Eduardo Robledo Puch ocupe su lugar estelar. Puch tiene 56 años y se ha convertido en pastor evangélico. Hace 36 fue condenado a prisión perpetua por la muerte de 10 personas. En esos años , también sacudidos por la violencia política, la figura del entonces joven asesino serial era objeto de notable regodeo mediático. Los abogados de Puch quieren ahora aprovechar el fallo a favor de Barreda para que su cliente tenga el mismo beneficio de la ley.

        -Esperemos que no se mude por acá- dice en la calle Cramer. Con una mano lleva a su caniche blanco. Con la otra señala en dirección a la casa de Barreda.

       -¿En qué se va a convertir este barrio de gente decente?- se pregunta, cuando su perro levanta una patita para orinar.