lunes, 02 de junio de 2008 16:15
Abel Gilbert
El amargo centenario del Teatro Colón
El Teatro Colón de Buenos Aires ha cumplido 100 años de existencia y no encontró mejor idea que festejarlo con sus puertas cerradas. Homenaje paradógico para una sala que siempre ha sido considerada entre las cinco más importante del mundo por su acústica y majestuosidad. Por el Colón han desfilado las grandes estrellas de la ópera, el ballet y la música sinfónica. El Colón es una metáfora de la misma Argentina. El teatro fue abierto en epocas de prosperidad. Una sala a la medida de la renta agraria. La inequívoca manifestación de que Buenos Aires era un injerto posible de lo mejor de Europa en las lejanas tierras del Sur.
Pero, muy pronto, el Colón puso en escena otra de las paradojas nacionales: costaba mucho dinero. Era un lujo cultural que no parecía corresponderse con la realidad. En los años 90, cuando el peso argentino era un equivalente fantasioso del dólar, el teatro llegó a contar con un presupuesto que era similar al del Covent Garden, de Londres, y al Teatro Real, de Madrid. Este extraordinario despropósito resultó tan insostenible como la paridad cambiaria. Cuando, en diciembre del 2001, la Argentina se desplomó, el Colón, naturalmente, tuvo su propia y pronunciada pendiente. La precariedad fue tal que se llegó a tener dificultades económicas para el alquiler de partituras.
Manejar el Colón en una ciudad de melómanos es un problema adicional para las autoridades de Buenos Aires que nunca aciertan en la designación de sus directores. El actual jefe de Gobierno, el ex presidente del Boca Juniors, Mauricio Macri, ha colocado ahora Horacio Sanguinetti. Entre sus antecedentes figuran haber sido director del Colegio Nacional Buenos Aires, un secundario público de elite, y manifestar una confesa vocación para coleccionar discos de ópera, en especial italiana. Sanguinetti encontró al Colón cerrado, en plena etapa de reformas estructurales. Y seguirá así por bastante tiempo, quién sabe hasta cuando.
Daniel Barenboin fue el que mejor definió esta penosa efeméride. Barenboin, uno de los grandes directores y pianistas de su tiempo, nació y dio sus primeros pasos en Buenos Aires. La Argentina representa, en ese sentido, un episodio más que sentimental de su vida. Ayer, Barenboin, al frende de la prestigiosa Staatskapelle de Berlín ofreció un concierto en el Luna Park. Deberían haber actuado en el Colón y lo estaban haciendo en lo que ha sido siempre un estadio de boxeo. Barenboin no pasó por alto la circunstancia, y por eso, al final del concierto, habló sobre lo que pasa con un teatro que ama. "Que el Colón no esté abierto es un indicio de que aquí algo no está funcionando. El Colón es un símbolo de la existencia de la cultura en la Argentina. Hoy pido a todas las personas, responsables o irresponsables, de todo tipo, que dejen de lado sus ambiciones personales, su orgullo personal, que son algo muy pequeño y de poco valor comparado con lo que este teatro representa".
La gente lo ovacionó.
Pero el Colón seguirá cerrado.