Las cosas que se escuchan en esta ciudad por estas horas:

-Habría que matarlos a todos.

-Con Carlos Menem estábamos mejor.

-No, con los militares.

-Este país necesita un Fidel Castro o un Francisco Franco.

-El problema es el zurdaje (los rojos)

-¿Qué rojos, si son rabanitos estos?

-Lo que hace falta es una revolución socialista.

-Esta mujer va a terminar como Fernando de la Rúa, escapándose en un helicóptero.

-Yo ya retire mi dinero del banco.

-Hace falta mano dura para disciplinar a los oligarcas.

-¿No saben dónde puedo conseguir zanahorias?

-Los peronistas amagan por izquierda pero siempre salen corriendo por derecha.

-Lo que está en juego es el Gobierno nacional y popular

Una esquina cualquiera, en el metro, en una oficina, la crisis del campo contagia a los argentinos el virus de la crispación y la grandilocuencia. En tono operístico se proponen soluciones drásticas, finales, higiénicas. Hace 90 días que la guerra entre el Gobierno y los productores agropecuarios deja escasos espacios para el comentario sensato. Las manifestaciones suben de tono a medida que crecen los rumores de desabastecimiento y los precios vuelven a saltar por las nubes. El límite con lo inverosímil ya se ha traspasado. Un opositor glosa al dictador Leopoldo Galtieri cuando se enteró que el Reino Unido enviaba a su flota al Atlántico Sur a recuperar las islas Malvinas. "Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla", dijo en ese trasnochado 1982 el general beodo y su frase grandilocuente fue recuperada por una figura del antikirchnerismo para desafiar al Gobierno. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner aporta, de su lado, aforismos que tampoco desentonan con la crisis. Ella siente que ha ganado la pelea contra los productores y por dice que "los argentinos optamos por el efecto rock and roll", espíritu indómito de aquellos que miran la vida con "optimismo y para adelante".