Daniel Riera es uno de los editores de Barcelona, la revista más iconoclasta y divertida de la Argentina. Barcelona se presenta como "una solución europea para los problemas argentinos". Cada quincena aparece en esta ciudad con un inventario de noticias apócrifas que diseccionan el presente con una agudeza extraordinaria. Junto a Riera están los periodistas Pablo Marcheti, Ingrid Beck y Fernando Sánchez. A tono con el nombre de la revista, esta tiene un director imaginario y catalanísimo, Joan Marí Carbonell i Figueres. La gráfica de Barcelona parodia a las publicaciones sensacionalistas. "Solución final", se anuncia con una tipografía llamativa. Más abajo, se explica: "Descubren que sin una clase media oligofrénica y conservadora, sin un Gobierno hipócrita y necio, sin una oposición delincuente y sin medios corruptos y poco serios, los problemas del país se resolverían en un periquete (rapidamente)". Todo es verdaderamente falso en Barcelona. Hasta las publicidades: "Pena de muerte, un libro que viene matando, siempre dentro de la ley". Muchas de esas risas de los agradecidos lectores se las debemos a Riera, que ahora se anima con un libro llamado Buenos Aires bizarro.

             Por sus páginas desfilan, entre otros, ventrílocuos que se juntan una vez al mes para hablar en nombre de sus muñecos, detectives privados de son realmente novela, un peluquero raeliano (la secta interplanetaria), otro especializado en futbolistas,  una mujer que hace inseminación artificial para mascotas y los seguidores del insólito kung fu ovárico. Riera extrae sus personajes y situaciones de una taxonomía de lo absurdo, le ofrece al lector rincones asombrosos de la ciudad inabordable: allí donde se levante el monumento al dedo gordo del pie, el Museo de la Urología o los viejos palacios con sus leyendas de fantasmas. Riera se enternece con los personajes, su incorrección política periodística da paso a una suerte de compasión que, en el fondo, reclama la aceptación de la diferencia y cuestiona las formas de clasificar lo que es "normal". Más allá la galería de "freaks", Riera arma otro mapa de Buenos Aires, ese que nunca será incluído en las guías turísticas. Mirar a la capital argentina con los ojos del autor permite incorporarle otros pliegues y matices. El libro invita a querer un poco más a esta ciudad, a pesar de los sistemáticos desaires que uno encuentra a su paso.