miércoles, 22 de octubre de 2008 14:32
Abel Gilbert
Valentino, el argentino: un piadoso autorretrato
La idea es por lo menos, original (tratándose de un culebrón). Valentino ha crecido en Colombia sin saber nada de su papá. Es un chico introvertido, objeto de la mofa permanente. La madre, que lo ve como un perdedor nato, decide torcer su suerte contándole quién es realmente. Y le dice, le revela ese secreto. Por boca de ella sabe que su padre es "argentino" y que él, Valentino, lleva en la sangre "la bravura del Che Guevara" y "la genialidad de Maradona". A partir de ese momento (tiene 10 años) es otro: sobre el espejo se dibuja la silueta de su amigo imaginario, su doble, su alter ego, maestro ninja y consejero de lo divino y lo profano, que utiliza la camiseta celeste y blanca del seleccionado campeón del mundo en México 86. En definitiva: "el argentino que llevaba adentro". A partir de esa epifanía, su vida colombiana cambia, y para mejor. Con el tiempo, se convertirá en un personaje astuto, seguro de si mismo, seductor, un galán irresisitible. El culebrón se llama, obviamente,
Valentino, el argentino.
Valentino es protagonizado por el famoso actor colombiano Jualián Román. Su "doble" es el argentino Segundo Cernadas, que sobreactúa todos los rasgos que suelen distinguir en rigor al "porteño", el hombre de Buenos Aires, ante las miradas de los otros habitantes del país y los extranjeros: una mezcla de picardía, sentido del humor, jactancia y pedantería (que puede orillar el ridículo), sentido del humor y donjuanesco afán de conquista. Querible e insoportable, según la situación. Los argentinos han inventado ya un rubro para el autoretrato: los chistes de argentinos. Y este es, en cierta manera, ilustrativo por lo menos del "arquetipo" en el que se inspira el culebrón:
Dos argentinos discuten.
-¡Che te digo que yo soy el hijo de Dios!
-¡No, no y no: el hijo de Dios soy yo!"
-Pero... ¿cómo? ¿Vos estás loco?
La discusión se prolongaba infructuosamente. Ninguno de los dos se resignaba a perder la condición divina. De repente, pasa otro connacional, al cual le preguntan:
- Tenemos un problemita. El dice que es el hijo de Dios, pero eso no puede ser: el hijo de Dios soy yo. ¿Vos que decís?
A lo que el otro argentino respondió:
-Eso es imposible: yo no tengo hijos.
Se le atribuye a Ernesto Guevara la jocosa idea de comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que cree que se cotiza (un verdadero hallagzo en el mercado de la autestima). Esa exagerada percepción de si mismo (y su reverso cuando las cosas no salen bien: el sentimiento tanguero de la fatalidad y la condena) es mostrada ahora con piadosa ironía en esta comedia llamada Valentino...
El personaje quiere conocer a su padre y trasladar a Buenos Aires las enseñanzas aplicadas en Colombia. Ser, en definitia, un profeta en su propia tierra. El culberón es coproducido por Pol-ka (Aargentina) y Vista producciones para la cadena colombiana RCN Colombia. Y se ha convertido en un éxito. Nada más terapéutico que mirarse al espejo.