Todo puede suceder con Diego Maradona, a veces llamado Diego, otras, más profanamente, Dios. Y como Dios lo puede todo, también le cabe el cargo de técnico del seleccionado argentino.
-Aleluya- se ha escuchado decir.
¿Maradona?-, dice más de un sorprendido.
Después de tocar las puertas del cielo y el mismo infierno, después de cruzar los márgenes y regresar para contarlo, después de hacer denonados esfuerzos mediáticos por constituirse en marido y padre ejemplar, de separarse, de reconocer ante la justicia al menos dos hijos matrimoniales, de mostrar ante las cámaras los signos de la decadencia física y rejuvenecer, sacándose en un quírofano kilos de grasa; después de ser considerado esencia concentrada de las virtudes y contradicciones de los argentinos, él, Diego, Dios, y no solo su mano, ahora estará por encima de todos, decidiendo nada menos del destino de una de las pocas cosas que suelen importar mucho en este país: el seleccionador argentino (¿hace falta aclarar que es de fútbol?).
Maradona es Maradona (vaya tautología). Pero eso significa ubicarlo en un espacio concreto: dentro de la cancha, como un jugador pródigo de la era pre digital, y cuya aura sigue intimidando a las generaciones que vinieron. Pero como entrenador no solo nunca estudió sino que fue ocasionalmente desastroso.
¿A caso importa? ¿Le importa?
A Maradona no habrá que pedirle nunca recato, moderación, como si, entre tantas conversiones y retoques, fuera un monje budista. Maradona es Maradona. Y su propensión al exceso no solo tiene que ver con un pasado cocainómano. Maradona ha sido, en la cancha, exceso de genialidad, plusvalor absoluto. Y esa sensación de desborde es lo que lo constituye más allá del juego, como figura pública.
Su nombramiento como entrenador (a pesar de su inocua experiencia en ese cargo) hizo que por un momento la Argentina olvidara otros dislates. La bomba informativa había explotado y todos los medios querían hablarle a Dios. La radio La Red fue la elegida. Maradona atendió su télefono celular y comenzó a informarle al país de su proyecto mientras manejaba por algún lugar de la ciudad.
"Uy, casi más me pasa por encima un camión", le contó al periodista, entre risitas. Miles de personas mueren por ese desapego a las normas viales. Maradona advirtió inmediatamente el peligro. El periodista le pidió que por favor estacionara. Pero, ¿cómo detener la marcha de Maradona? ¿Qué es un camión frente a un mito?