El 30 de octubre de 1983, Raúl Alfonsín ganó las elecciones que permitieron a la Argentina retomar la senda institucional. Alfonsín expresaba la renovación de un partido casi centenario como la Unión Cívica Radical (UCR), que había sido más que tolerante con el golpe militar de 1976 ("No tengo soluciones", dijo en sus vísperas el líder Ricardo Balbín, encogiéndose de hombros). Alfonsín rechazó la autoanmistía de los militares que habían irrigado de sangre el país durante los años de la dictadura. El candidato de la UCR hizo además del preámbulo de la Constitución su mantra. La campaña proselitista siempre concluía con su invocación, a modo de rezo y nueva secularidad.

            "Con la democracia se come, se cura y se educa", aseguró una y otra vez Alfonsín.    

             Esa confianza excepcional en el poder redentor de las instituciones caló profundamente en los argentinos. Y así, ese 30 de octubre, Alfonsín logró lo que parecía imposible: derrotar al peronismo en elecciones, con un 52% de los votos.

            "Con la democracia se cura...."

            El mantra alfonsinista se confrontó con la herencia de la dictadura, la inepcia gerencial, las presiones y conjuras sindicales y empresariales y, finalmente, el desgaste de un Gobierno que debió irse seis meses antes en medio de una hiperinflación disciplinaria, que abrió las puertas a la era de Carlos Menem.

            "Con la..."

            Treinta años después de aquel momento que pareció inaugural, el 40% de los adolescentes bonaerenses, entre 13 y 17 años, la segunda generación de argentinos nacidos en democracia, pertenece a los hogares de estrato socioeconómico muy bajo, un 45% vive hacinado, un 48% no tiene cobertura de salud y un 12% no asiste a la escuela.

            "Con..."

            La confianza en la fuerza restauradora de la democracia no es hoy la misma. Y tal vez por eso, aquel 30 de octubre de 1983, con su entusiasmo desbordante, sea recordado con un dejo de nostalgia, se mea culpa, de incredulidad.

             "..."

            Alfonsín hoy es un octogenario. El país que recibió, visto a la distancia, parece de ciencia ficción.