El casamiento de Florencia de la V, la travesti más popular de la Argentina, devino acontecimiento nacional. Tanto metraje de la prensa escrita, tanto espacio en las pantallas, tanta proliferación de voces en las radios, debe estar diciendo algo que el traje blanco y radiente esconde. Flor, como suelen llamarla en tono cómplice, se casó con un odontólogo, Pablo Goycochea, de quien, se subraya, es su novio hace casi una década, cuando "ella" aún no era una celebridad ni desplazaba en la primera línea de las marquesinas de los teatros a las chicas "verdaderas".
El auto casamiento se ha venido preparando a lo largo de meses, como si en realidad se tratara de una efeméride trascendente. El sabado al mediodía, Flor arribó al lujoso Hotel Alvear, en el barrio de la Recoleta. Los paparazzi coinciden: las lágrimas de felicidad le nublaban los ojos. Numerosos asistentes la prepararon con esmero. Por la noche apareció ante las cámaras con un vestido blanco de tafetán de seda natural blanco nacarado, acompañado de cinco metros de tull y un brillante estilo art déco. Llevó el pelo recogido en una tiara de brillantes y un gran moño en el hombro. Las joyas fueron valuadas en los 3.000 euros.
Bajo una glorieta de hierro atiborrada de rosas blancas, el modisto Jorge Ibáñez hizo de sacerdote. Los tres hijos del futuro esposo, todos adolescentes, lo escucharon en primera fila.
De pronto entraron en escena García y Cayetano.
Ustedes se preguntarán quiénes son.
García y Cayetano son las dos mascotas de quien se hace llamar la última de las divas argentinas.
Sí, los perros fueron los encargados de acercarle las alianzas a la pareja. Ellos, después, intercambiaron los anillos y todas las celebridades locales invitadas aplaudieron.
García y Cayetano ladraron de felicidad.
Dijo Flor, corrigiedo a Joyce (y su mirada de la historia):
-Casarme es lo más fuerte que me pasó en la vida. Todo esto es un sueño del que no me quiero despertar nunca.
La pareja festejó luego con sus amigos. La tv asegura que se hastaron unos 50.000 euros. Comieron una entrada con centolla. Luego pasaron al pollo o el cordero. Al final, un postre de cítricos.
Bárbara Diez, esposa de Horacio Rodríguez Larreta, el segundo hombre más poderoso del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, fue la organizadora de la boda. Y este vendría ser el único cruce explícito entre esta variedad freak del espectáculo argentino y la política de un país donde muchos de sus protagonistas un día dicen una cosa, pasado otro y mañana volverán a maquillar sus palabras. La capacidad mutante de algunos personajes, su tendencia a la transfiguración, a mostrarse como "diferentes" a lo que son y cambiar sus decisiones según sople el viento, habiltaría a la "señora Florencia de la V" a decir al menos una vez y sin rubores:
Travestis son los otros.