Meses atrás, en medio de la "guerra del campo", teatro de operaciones donde se desarrolló el conflicto entre el Gobierno argentino y los productores agropecuarios por el destino de la renta extraordinaria de la soja (cuyo precio internacional, entonces, rozaba el cielo), los huelguistas, enfurecidos, desabastecieron las ciudades, dejaron pudrir alimientos y derramaron la leche a la vera de las carreteras. Gesto extremo y, a la vez, completamente extemporáneo en un país que vende tantas calorías al planeta y en el cual, al mismo tiempo, hay muchos, muchísimos niños que no las reciben. Según la última Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA), en el 2007, 1.080.000 chicos pasaron hambre. Se calcula que que este año la cifra aumentará a 1,2 millones.

             En Argentina viven 12 millones de niños y adolescentes de entre 0 y 17 años.En 2007, el 60,7% de ellos habitaban hogares vulnerables en términos socioeconómicos en cuanto al clima educativo y las condiciones materiales del entorno más próximo (las cosas, se sabe, fueron para peor en el 2008). El derecho a una vivienda y un medio ambiente adecuado para la vida y el desarrollo de la infancia también se vieron vulnerados en el 53% de los chicos (6.360.000): 2,5 millones de chicos viven hacinados (más de tres por pieza), y 1,6 millones en n hogares sin baño, agua potable e inodoro con descarga). "Los estudios del Barómetro evidencian que estos déficit y desigualdades tienden a profundizarse en Argentina y revelan violaciones a derechos exigibles ", sostiene Ianina Tuñón, coordinadora la espeluznante investigación.

            "En la Argentina, los únicos privilegiados son los niños", decía Juan Domingo Perón, que pronto tendrá un monumento de cuatro metros a las puertas de la sede del Poder Ejecutivo.

            Hace 40 años, Armando Tejada Gómez había escrito la letra de una canción en la que aseguraba que no se podía estar tranquilo si había un solo niño en la calle (es decir: un niño que a veces no come).

            La Argentina es rica en aforismos y consignas y frases de indignación ante el sufrimiento ajeno.

            Pero hablar de hambre en una potencia alimentaria es otra cosa.

            1,2 millones de niños, que algún día crecerán.

            Una porción enorme de futuro se ilumina de sus sombras.