lunes, 17 de noviembre de 2008 15:18
Abel Gilbert
Pirámides, escombros y un cetro de belleza
Michelle Rouillard Estrada se convirtió en la noche del lunes en la la nueva señorita Colombia y tal vez la primera que se consagra en pleno "estado de emergencia" nacional. La flamente reina de la belleza le dedicó su corona a los caucanos. Habría que ser más que necio para negar los encantos de Michelle. Pero más allá de su fulgurante presencia, se hace difícil olvidar el escenario que la lanza al estrellato. Pocas horas antes del certamen, Cauca se estremecía, aunque por razones que exceden a un desfile en bikini y traje de gala. Miles de caucanos estafados por las "pirámides financieras" habían salido a las calles a pedir que le devuelvan sus depósitos. Les habían prometido rendimientos en algunos casos superiores al 300%. El desplome de las "pirámides" ya ha dejado tres muertos, entre ellos, un ahorrista suicidado. El Gobierno declaró la emergencia nacional después de intervenir DMG, temeroso de que la desesperación irradiada en el sur colomiano con el cierre de las sucursales de DRFE, se reproduzca en Bogotá. Y todo eso en vísperas de la gran final. "Se me hace muy extraño tener esta corona encima", dijo la nueva reina. Su corona será la llave del ascenso social y el glamour. Muchos caucanos también querían progresar y, con menos recursos y visibilidad, apostaron sus fichas en las "pirámides", a pesar de la lógica de la ilegalidad que las envolvía.
El desmoronamiento de las "pirámides" financieras en Colombia, con la correspondiente estafa a miles y miles de personas humildes que mordieron el anzuelo de la prosperidad instantánea, presenta, en una pequeña escala ( en una faceta, digamos, microscópica) los efectos del engaño y la picaresca que, bajo el decálogo dela eficacia, propagó el gran centro financiero internacional. La promesa de una alta rentabilidad que se producía por arte de magia mostró, finalmente, su verdadero rostro: el de la evaporación completa de las ilusiones de ascenso y acumulación. Cuando se desmoronaron las "pirámides", con su lema de "dinero fácil" ("fácil": la primera acepción del diccionario es: "que cuesta poco trabajo", y la cuarta: "se dice de la persona que en seguida se deja seducir, sin oponer resistencia"), las víctimas del timo organizado salieron desesperadas a la calle. Dicen que los financistas se habían birlado por lo menos 300 millones de euros. Recién después de la desesperación colectiva fue que el Gobierno resolvió tomar cartas sobre el asunto, y ahora promete regular todo el sistema, apuntando contra otros nichos oscuros. En las radios y la TV colombiana se escuchan las voces de las personas burladas, familias de acotados recursos que habían apostado ahorros y sus propias casas para solventar la educación de un hijo u otro tipo de emergencia.. Consumado el fraude, los victimarios abusaron del ejercicio del envilecimiento. "Pastusos giles (tontos), nos fuimos, gracias por creer", pudo leerse en una oficina de Pasto, unos 1000 kilómetros al sur de Bogotá. "Por ser tan estúpido y creer en algo imaginario tendrás que trabajar mucho más duro", era otro de los mensajes. Esquelas de semejante violencia simbólica sugieren la existencia de un entorno propicio para el agravio de los indefensos. Cuando leí el último artículo de María Jimena Duzán en la revista Semana terminé de cerrar el círculo de la perplejidad