El ex presidente argentino Néstor Kirchner acaba de revelar un pleito conyugal de alcances nacionales. Ha contado, durante un acto sindical, que su esposa, la presidenta Cristina Fernández de Kircher le hace un reproche constante, a modo de padrenuestro.

            -Todas las mañanas, me dice  "¡Qué vicepresidente que me pusiste!'.

            Esa es la queja de Cristina.

            El lamento matutino tiene nombre. El de Julio César Cleto Cobos, el actual vicepresidente, que no se habla con la presidenta desde hace más de cuatro meses. Cristina le recuerda a su marido que Cleto, ex gobernador de la provincia de Mendoza,  es obra suya, él se lo "puso", lo ubico como un demiurgo dispone de las piezas y personajes de un gran tinglado.

            Fue el dedo de Néstor el que lo señaló, y esa elección personal le ha traído a su esposa lamentables consecuencias en el ejercicio del poder. Fue Cobos el que derrumbo la ley del Gobierno que buscaba gravar la renta extraordinaria de los exportadores agropecuarios, cuando el precio internacional de la soja estaba por el cielo. Fue Cobos el que le sirvió en bandeja una victoria a una oposición errante. Fue Cobos el que se llevó los aplausos y besos y el favor de las encuestas.

            Y todo por culpa de Néstor, que había elegido a su cónyugue como sucesora y también al hombre que ocuparía el cargo de vicepresidente. Tal vez pensó que era un personaje insípido e incapaz de la zancadilla. Tal vez no lo conocía. Habría que recordar que, durante la campaña electoral del 2007, la peronista Cristina y el radical Cobos casi no se hablaron y que las publicidades callejeras con sus dos rostros se había armado con dos fotografías tomadas en distintas circunstancias. El truco del photoshop no alcanzaba ni siquiera entonces a disimular lo extemporáneo de la alianza. La confección a puertas cerradas de un entramado electoral tenía pocas perspectivas de sobrevivir.

            Y así sucedió lo que sucedió.

            El reclamo de la jefa de Estado reactualiza una discusión que solo saldará la historia: quién gobierna realmente en este país desde diciembre del 2007. ¿Es Cristina K. o su esposo? ¿Son los dos en un juego de fondo y figura?

            Posiblemente, las palabras de Kirchner fueron una suerte de "acto fallido" y que no quiso decir lo que sus adversarios y enemigos piensan sobre su papel en las sombras.

            Hace pocos días, la ensayista Beatriz Sarlo escribió un largo artículo en el diario La Nación sobre el "doble cuerpo presidencial". Vale la pena recordarlo, ahora que el malestar de alcoba ha llegado a la esfera pública.