miércoles, 10 de diciembre de 2008 18:43
Abel Gilbert
Solos en la madrugada: 25 años de democracia argentina
Hace 25 años, la Argentina recuperó sus instituciones democráticas. Raúl Alfonsín, de quien ya se ha escrito en este blog (y de quien los lectores tienen opiniones antagónicas), decidió asumir la presidencia el día mundial de los Derechos Humanos. Ha pasado un cuarto de siglo, el país tuvo sus cimbronazos de todo tipo: hiperinflaciones, dos atentados terroristas, dos presidentes que abandonaron el poder antes de cumplir su mandato, un corralito financiero ... A pesar de las enormes asignaturas pendientes, de las inequidades sociales, parece mentira que la vida argentina transcurriera sin golpes de Estado desde entonces.
Pero es cierto.
Y no es poca cosa en un país que hizo de las destituciones un deporte.
Los 25 años de democracia coinciden con el primer año de Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La presidenta recordó la efeméride en Moscú, cubierta su testa con un somprero de piel estilo cosaco, para resguardarse del frío y la nieve. Fue a Rusia a buscar ampliar el abanico de alianzas estratégicas del país. Seguramente debe haber meditado en la lejanía sobre el destino de los hombres y mujeres públicas, de la volatilidad de las adhesiones y el fervor que troca en rechazo. Tal vez añoró la popularidad de más del 50% con la que tomó las riendas del poder, que estaba en manos de su marido, Néstor Kirchner. Muchas cosas pasaron también bajo el puente desde aquel 10 de diciembre del 2007. Las expectativas de los argentinos de un salto institucional y de una creciente mejora en la calidad de vida se hicieron añicos por conflictos internos y los efectos del desastre mundial.
Cristina K. forma parte de una generación que en los años 70 tuvo un altísimo protagonismo político, y cuya valoración de la democracia era muy escasa por varias razones. De un lado, había crecido en medio de constantes interrupciones institucionales. Por el otro, confiaba más en la aceleración de la historia de la mano de las revoluciones. Es esa generación (lo que queda de ella) la que hoy acupa cargos de importancia en el Estado. Una generación que ha vivido la represión y la derrota, y que, más allá de sus aciertos o desaciertos, ha aprendido a valorar las reglas de juego. Hay otra generación, nacida en 1983, que ha crecido sin militares golpistas y sin censura. Es hija de esas libertades que tanto costaron. Los que hoy tienen entre 11 y 15 años ya perciben a la democracia como algo que ha estado siempre. Y tal vez por eso, o por todo lo que falta, o por muchas cosas más, una reciente encuesta revela que apenas el 35% de ellos cree que es siempre el mejor sistema de Gobierno. Un 25% no sabe qué prefiere y un 10% de los consultados se declara directamenteb en contra de la democracia.
Muchos han escrito hoy sobre estos 25 años, algunos con desconsuelo, otros con interrogantes y valoraciones encontradas. Alfonsin habló de las deudas por resolver. Me quedo con un poema de Juan Gelman, que publicó el diario Clarín. El poema se llama "Madrugada" y tal vez sea la mejor respuesta y el mejor consuelo que se esboza en el confuso horizonte.
Jugos de cielo mojan la madrugada de la ciudad violenta.
Ella respira por nosotros.
Somos los que encendimos el amor para que dure,
Para que sobreviva a toda soledad.
Hemos quemado el miedo, hemos mirado frente a frente al dolor
Antes de merecer esta esperanza.
Hemos abierto las ventanas para darle mi rostros.