Unos 140.000 chilenos disfrutaron de los dos conciertos de Madonna en Santiago. La diva partió luego hacia Sao Paulo, Brasil, sin saber que su nombre había quedado extrañamente asociado a una misa recordatoria de Augusto Pinochet. El dictador murió hace dos años y el cardenal Jorge Medina no tuvo mejor idea que contrastar su poco augusta figura -tan poco reverenciada por estos días, incluso entre quienes le rindieron tan exaltada pleitesía años atrás- con la de la "chica plástica". "En estos días, mis queridos hermanos, está bastante agitado el ambiente porque viene de visita esa mujer que, con una desfachatez increíble, provoca un entusiasmo loco, que es un entusiasmo de lujuria", dijo Medina.

Tal vez en esos momentos sonaba en de manera involuntaria su cabeza "Like a virgin", la canción que Madonna le había "dedicado"  a Benedicto XVI, durante su concierto en Roma. La música puede provocar eso: inesperados espamos corporales, recuerdos, abre las puertas del inconsciente. En una de esas, Medina, mientras debía pensar en las virtudes del Tatita, es decir, de Pinochet, marcaba con sus dedos sobre el púlpito el ritmo de marcha de esa canción blasfema.

Like a virgin

Touched for the very first time

Like a virgin

When your heart beats (after first time, with your heartbeat)

Next to mine

O, quizá, antes de oficiar misa, el cardenal se había arrobado con otro tema de la diva, "Like a prayer":

I hear your voice, it's like an angel sighing

I have no choice, I hear your voice

Feels like flying

I close my eyes, Oh God I think I'm falling

Out of the sky, I close my eyes

Heaven help me

 

La canción estuvo repiqueteando en los medios chilenos como un mantra. Medina percibió su eco en los dedos, se dejó llevar por ese impío pedido celestial y enfureció con la autora. Por eso dijo, le dijo "esa mujer", les dijo a todos: "Los pensamientos de lujuria, los pensamientos de impureza, los actos de impureza, son una ofensa a Dios y una suciedad, una mancha en nuestro corazón". Y sus palabras tronaron en la catedral castrense de Santiago. Para la revista The Clinic, el sermón de Medina fue "digno de un miembro del circo que parecía en receso".

 Hasta hace muy pocos años, Medina ocupó el puesto más alto ocupado por un chileno en la curia vaticana: fue prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, la instancia eclesial que reglamenta las prácticas litúrgicas. Ha sido un prelado cercano a Juan Pablo II y también lo es de Joseph Ratzinger. Por eso, sus admoniciones suelen tener particular resonancia en Chile. Al cardenal, como a Madonna, aunque con otro sentido, le gusta el ejercicio de la provocación. En octubre del 2004, en momentos que Pinochet estaba a punto de ser procesado por segunda vez por violaciones a los derechos humanos (la causa "Plan Cóndor", en manos del juez Juan Guzmán), Medina aseguró que el general ya había sido perdonado por sus actos. Durante el Gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006) se convirtió en un cruzado contra la modernización de las costumbres. "Cualquier persona bien informada sabe que las decisiones del gobierno del señor Lagos no son gratas para la Iglesia, no sólo para sus autoridades, sino para los fieles católicos que quieren ser consecuentes con sus principios y la doctrina de la Iglesia". El 16 de mayo del 2002, Lagos tuvo una audiencia de 20 minutos con Juan Pablo II en el Vaticano. Ese mismo día, el inefable cardenal hizo oir su voz desde Santiago y condenó al infierno al Gobierno que " ha promovido las esterilizaciones gratuitas, la píldora del día después y la Ley de Divorcio". A pesar de las exhortaciones de Medina, los chilenos acudieron masivamente al estadio Nacional, escenario de los megaconciertos. El mismo estadio, vale la pena recordar, donde, en 1987, Juan Pablo II, durante su "encuentro con la juventud", quiso saber si su auditorio era capaz de constreñir sus deseos sexuales y escuchó bajar de las tribunas un "NO" estentoreo.

Once años más tarde, en el mismo escenario, Madonna cantó allí "Like a virgin". Las primeras personas que entraron el jueves al Estadio Nacional se llevaron una sorpresa: ella ya estaba sobre el escenario, ensayando. Y no sólo eso: bajó a la cancha y bailó con ellos. El show se prolongó hasta las 0.30 del viernes. Todos salieron contentos. "Madonna cumplió con su segundo grupo de fieles", comentó el portal de El Mercurio, en insospechada clave religiosa.