Mientras cuento los minutos que faltan para que termine el año, una imagen ronda en mi cabeza y me llama. Cuba. La primera imagen es de El Padrino II- , el momento en el que Corleone Jr advierte en La Habana que algo está por sucumbir y huye. Ha triunfado una Revolución, y esa Revolución, esa epifanía, se atará a un nombre. La pelicula de mi cabeza ya no es la del gran Francis Ford. Está hecha de lecturas, imágenes y experiencias personales. Es la película con la que evocó aquel 1 de enero de 1959, va del presente cubano de convalescencia (del líder, de su economía, de su programa redentor) al pasado, casi remoto, y entonces  veo a Fidel joven en la Universidad de La Habana, lo veo, sí, perdiendo las elecciones estudiantiles, quién diría, un Fidel perdedor. Y lo vuelvo a ver más tarde tomando sopa china en un mercadito habanero junto con sus amigos, tramando su viaje a Colombia, donde serátestigo del Bogotazo, lo veo aspirando a una banca de diputado en la Cuba republicana. Es el mismo Fidel que se alzará después en defensa de la Constitución liberal, suscribirá el Manifiesto de la Sierra Maestra con parte de la burguesía. Sí, el mismo que, una vez triunfada la Revolución -no se que sucede con el ordenador, la palabra se escribe irremediablemente en minúsculas y debo corregir- "nada de libertad sin pan, nada de pan sin libertad". Es el Fidel que también dice que la Revolución será "tan verde como las palmeras". El que luego, frente a la hostilidad norteamericana, pacta con los viejos stalinistas, el que más tarde, en los primeros años de la década de los sesenta, discute hasta el amanecer con el francés Regis Debray las perspectivas insurgentes de América Latina (la Cordillera de Los Andes será una prolongación de la Sierra Maestra, profetizó). Cuba era el faro que iluminaba el umbral de la nueva era de conmociones.

         La película -mí película, aclaro- ahora avanza y lo veo distanciándose de Guevara pero diciendo que hay que ser como él, lo veo profezitando el golpe de Augusto Pinochet, intentando, durante la Guerra Fría, liderar esa entelequia llamada Movimiento de Países No Alineados (nada menos que Cuba, estación de espionaje soviética en el Caribe, allí donde el líder llamaba a mirarse en el ejemplo eslavo). El mismo Fidel que intercambia correspondencia con el Papa y apela a su vieja prosapia jesuita. El mismísimo que llama a construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo, que propicia un club de deudores latinomaericanos, que defenestra a las mismas figuras a las que en un momento le da ala para volar. El hombre pragmático que se niega (al igual que la URSS) a condenar en la ONU las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura argentina y participa de la asunción del mexicano Salinas de Gortari, que había ganado las elecciones fraudulentamente. Castro, el hombre que más veces intentaron asesinar los norteamericanos, el obsesionado por los problemas del subdesarrollo. Castro, el que califica de "escoria" a sus adversiarios. El que avizora la caída de la URSS. El que decide la suerte sumaria de Arnaldo Ochoa, héroe de la Revolución. El que fustiga el V Centenario de la llegada de Colón a América y se abraza con el conservador gallego Fraga Iribarne, el que llama denodadamente a cuidar el ecosistema pero las aguas de la bahía de La Habana o el río Quibú no le sirven como ejemplo. Castro, el temeroso de que el mercado negro cubano termine engendrando una nueva burguesía y prohibe el cuentapropismo. El que se reune con los empresarios extranjeros y abre las puertas al capital. El que dice que las putas cubanas son las más cultas del mundo. El que dispone la instrucción militar de todo el pueblo y fue testigo de la huída de la isla de más del 10% de los cubanos. El que realizó la reforma urbana, le dio casas a todos, pero esas casas, muchas de ellas, hace medio siglo años que no pueden ser completamente  pintadas o apuntaladas. El que instituyó el derecho al trabajo en una isla que durante la era soviética gastaba más fertilizante por héctarea que los mismos EE.UU. El que cela de la prensa. El que llama a permanentes esfuerzos, aún ahora que no tiene las riendas formales del poder y que solo "reflexiona" a través de la prensa. El mismo Castro que, en junio de 1961, cuando la hora de los balances aún estaba lejos, cuando todavía no se hablaba de balseros ni de inmolaciones en nombre de una abstracción, se dirigió a los intelectuales para fijar los límites del pensamiento. Y a ellos les dijo: "no nos apresuremos a juzgar la obra nuestra que ya tendremos jueces de sobra.  A lo que hay que temerle no es a ese supuesto juez autoritario, verdugo de la cultura, imaginario, que hemos alaborado aquí. ¡Teman a otros jueces mucho más temibles! Teman a los jueces de la posteridad, teman a las generaciones futuras que serán, al fin y al cabo, las encargadas de decir la última palabra".  Más del 70% de los cubanos nacieron después de que Fidel lanzará ese discurso. Ha pasado demasiada agua debajo del río. Han conocido la escasez, la frustración, las crisis, el desvelo estatal, la vigilancia y la delación, el internacionalismo, la caída de los dioses, la reformulación de los discursos utópicos, las más variadas formas de la contradicción, las tentativas de escape, el simulacro, la alegría efímera, la esperanza devenida doble moral. Esas generaciones, me pregunto, les pregunto, al final de mi película, ¿tienen ya el veredicto?

 

 

PD:

 

En 1991, un gran amigo cubano, Camilo Pérez, me hizo conocer un tema que Silvio Rodríguez nunca presentaría en público. La grabación me sorprendió. Su letra fue incluñida en mi primer libro Cuba de vuelta (Planeta, 1993). Desconozco si Rodríguez alguna vez la incluyó en algún disco o si sigue siendo parte de sus desazones privadas. No se me ocurrió otra cosa mejor que glosarla textualmente. Sigue siendo iluminadora. Feliz 2009.

 

 

Para estrenarme saluda Enero

si Enero parte, qué será nuevo

dejo su tiempo como testigo

cuánto de enero tendrá el olvido

 

hojas de Enero en remolino

hilo del aire húmedo y frío

hojas de nadie, súbito anillo

soplos de un baile en torbellino

 

Enero parte, dice, conmigo

ruego de hojas, ronda de invierno

¿dónde te posas? ¿dónde va Enero?

 

Solo en la calle, aún sonrío

las hojas parten y quedo vivo

se me hace tarde, Enero mío