Simular: representar una cosa fingiendo o imitando lo que no es. Simulador: adj. Que simula: imagen simuladora de la realidad. m. Dispositivo o sistema diseñado para simular un determinado proceso como si fuera real: simulador de vuelo.
Alguien dice ser lo que no es, aparenta un sentimiento grave, tal vez un dolor incurable, una ofensa; finge una euforia o estar apasionado. La simulación está en todas partes. La ciudad es el gran teatro de los artificios. Así lo comprendió el director televisivo Damián Szifron a la hora de escribir su extraordinaria serie Los simuladores: un grupo de personas es capaz de alterar las situaciones, corregir desvaríos, solucionar los problemas, sobre la base del arte más sofisticado de los ardides. El engaño al servicio de una buena causa los podía llevar a crear cualquier tipo de "acontecimientos". Los protagonistas podían hacerse pasar por agentes del FBI, científicos, productores televisivos o magnates. El éxito de Los simuladores ha sido tal que Telefe ha emitido los mismos capítulos a lo largo de estos últimos años, con la certeza de que siempre serían bien recibidos.
La política también es un territorio donde abunda la simulación. A veces, como un dispositivo de poder destinado a producir efectos sobre la sociedad. Ilusiones, como las que provoca la tramoya teatral (el nazismo hizo de ese recurso un instrumenton estatal y operístico). En otros casos, las situaciones más ramplonas: todavía se recuerda en esta ciudad cuando el ministro de Economía Domingo Cavallo lloró ante una jubilada a la que se negaba a aumentarle su pensión porque le recordaba a su anciano padre.
El dictador chileno Augusto Pinochet se hizo pasar por demente para evitar ser juzgado en dos oportunidades. Debió sobreactuar ante jueces y peritos todos los rasgos visibles de la locura. Unos le creyeron. Otros no tanto. Y otros simularon creerle, porque era mejor políticamente. Pinochet prefirió morir como un demente que condenado por sus acciones.
El ex alimirante argentino Emilio Eduardo Massera intenta seguir al pie de la letra la receta piochetista de la actuación. Pero algo no le salió bien.
Massera fue tal vez el más astuto y también el más salvaje de los integrantes de la Junta Militar que tomó el poder el 24 de marzo de 1976. Todavía se recuerda aquí con escalofríos las vez que recibió a la secretaria de Derechos Humanos de Jimmy Carter, Patricia Derian, en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el campo de concentración por el que pasaron (y en la mayoría de los casos, nunca volvieron). Derian sabía muy bien lo que estaba sucediendo en la Argentina. "La Armada no tortura a nadie, son el Ejército y la Fuerza Aérea", le aseguró Massera aquel el 10 de agosto de 1977. Derian lo cortó en seco "Tenemos cientos de informes de personas torturadas por oficiales navales", le dijo, y le dijo además que algunos de esos informes provenían de gente dentro de la Armada y en otros casos de gente del Ejército y la Fuerza Aérea. Ella hasta había visto un esquema rudimentario del piso que estaba debajo suyo y comentó que, posiblemente, mientras hablaban alguien estaba ahí siendo torturado. "Él me sonrío con una enorme sonriza, hizo el gesto de lavarse las manos y me preguntó si recordaba lo que le había pasado a Poncio Pilatos", dijo Derian años más tarde sobre el espeluznante encuentro.
Ese era Massera.
En 1985 fue condenado a prisión perpetua. En 1990, indultado por el presidente Carlos Menem. Y desde entonces fue imposible volver a juzgarlo. Se dijo que era virtualmente una planta en virtud de su demencia. Y la jueza María Servini lo declaró "insano". Ahora se sabe que el ex jefe de la Armada está "plenamente en condiciones" de ser sometido a juicio. Los síntomas que presenta son ficticios. Eso fue al menos lo que consideró Piero Rocchini, un perito médico forense enviado por los tribunales de Italia para verificar su estado actual de salud. Sobre la base de ese dictamen, el juez Marco Mancinetti podría ordenar la reapertura del proceso que se le sigue en Italia por la desaparición de Angela Aietta de Gullo, Giovanni Pegoraro y su hija Susana, además del secuestro de la hija de ésta, nacida en cautiverio. De acuerdo con el perito Massera "experimenta una moderada declinación psíquica, causada por una inicial demencia vascular". Pero esta "declinación" se acentúa sobre la base de una "perturbación ficticia", de "un cuadro de simulación" y puede ser juzgado "pese a posibles intentos manipulatorios, más o menos conscientes, actuados por medio de exageraciones, incluso espectaculares, de síntomas psíquicos ficticios".
Durante las tres horas que duró el peritaje, interrumpido varias veces por los gritos de Emilio Esteban Massera, hijo del ex marino ("!Basta de torturarlo!", llegaron a implorar), Massera, alguna vez conocido como Cero, o El Negro, habló de su condición de enólogo vocacional y el gusto por el cognac, se expresó en forma fluida, con frases bien construidas, nexos lógicos casi siempre bien conservados y lenguaje pertinente. Cuando suministró datos incorrectos sobre los miembros de su familia, luego los rectificó.
El ex almirante se puso de pie con ayuda del perito y de la enfermera, pero luego caminó sin colaboración de un extremo a otro de la habitación, mostró buena comprensión de las órdenes, buena conservación del esquema corporal y pasó sin dificultad todas las pruebas, como llevarse el dedo a la nariz, mantener los brazos extendidos, cerrar los ojos, cerrar la mano, succionar, con fuerza y tono muscular normales para un hombre de 83 años.
La estrategia simulatoria se terminó de desarmar con un test de capacidad visomotora que se considera irrefutable. El temible Cero ha intentado "representar una enfermedad neuro psicopatológica grave, aunque no tenga esa entidad", dijo el perito. ¿Será extraditado a Italia o juzgado en Buenos Aires. El periodista y escritor Horacio Verbitsky, presidente además del Centro de Estudios Legales y Sociales, uno de los organismos que más ha bregado por demoler el muro de la impunidad, da cuenta, no obstante, de una pequeña incomodidad. "La principal dificultad consignada por el perito italiano es que Massera no controla sus esfínteres, pero ese no es un obstáculo insalvable para el desarrollo del juicio".