martes, 10 de febrero de 2009 16:30
Abel Gilbert
El cuerpo de Borges
En 1943, Jorge Luis Borges publica en el diario La Nación de Buenos Aires el "Poema conjetural". Borges imagina las últimas palabras de su ancestro Francisco Narciso de Laprida, el 22 de setiembre de 1929. Laprida huye por el sur, el arrabal. Morirá en manos de sus enemigos políticos. Es un final despiadado y, a la vez, extático.
Yo que anhelé ser otro, ser un hombre
de sentencias, de libros, de dictámenes
a cielo abierto yaceré entre ciénagas;
pero me endiosa el pecho inexplicable
un júbilo secreto. Al fin me encuentro
con mi destino sudamericano
Borges ya plantea la idea del sur como espacio de la barbarie y la fatalidad del destino manifiesto. El mismo escritor y poeta que imagina una fundación mítica de la ciudad de Buenos Aires, que rinde culto a sus antepasados, y como si buscara, en cierto sentido, refutar la sentencia del "Poema conjetural" (y su "inexplicable júbilo secreto"), gasta en los últimos días de su vida lo que algunos ven como dos bromas: se casa con su secretaria María Kodama y muere en Suiza, en junio de 1986.
Lo cierto es que ahora María Beatriz Lenz, una diputada peronista (partido de Gobierno) quiere presentar un proyecto de ley para repatriar a la Argentina los restos del autor de "La lotería de Babel". Naturalmente, la iniciativa suscitó una polémica que remite a cierta vocacón necrofílica.
Porque, se trata, otra vez, de qué hacer con los muertos. El peronismo tiene su propia historia en ese sentido. El culto al cadáver de Evita, tras su fallecimiento, en 1952. El secuestro y vejamen del cuerpo, en 1956, por parte de sus despiadados enemigos. La repatriación del féretro, en 1975, en medio de una feroz ola de violencia entre facciones peronistas. Eva Perón fue finalmente enterrada en el aristocrático cementerio de La Recoleta, donde descansan la familia de Borges. Pero, en 1987 le roban las manos al cadáver de Juan Perón.
En 1990, Carlos Menem, un presidente peronista, decide repatriar de Londres los restos de Juan Manuel de Rosas, un personaje fundamental de la mitad del siglo XIX, cuya figura despierta adhesiones y odios de igual calibre. Menem, que había indultado a los militares de la dictadura, apostó al pensamiento mágico y trajo a Rosas como prenda de paz de los argentinos. Lo que se ganó fueron risas y enconos.
En esta línea de acción parece insertarse la pretensión de "recuperar" a un Borges ecuménico, de "todos" los argentinos, antes que se cumplan los 110 años de su nacimiento, en agosto. Borges fue un antiperonista visceral, capaz de escribir un cuento de furioso desdén clasista ("El mnstruo", junto con Adolfo Bioy Casares). El escritor, durante el primer peronismo fue expulsado de la Biblioteca Nacional y degradado a la calidad de inspector de conejos y pollos en las ferias municipales. Y nunca perdonó lo que vio como una afrenta.
Borges dejó una definición del peronismo que sigue siendo el deleite de sus adversarios. "Los peronistas no son buenos ni malos: son incorregibles". Ahora Kodama es la que se queja por la "incorrección" de querer sacar réditos políticos con el nombre y el cuerpo de quien fuera su esposo.
La operación "retorno" de la diputada Lenz también involucra a la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). Para su presidente, Alejandro Vaccaro, repatriarlo "es cumplir con lo que Borges quería, no hacemos más que tomar su palabra". La viuda quiere, en cambio, respetar el deseo de "George" de "descansar en paz" en el pequeño cementerio de Plainpalais, en Ginebra. Y dijo: "en una democracia, ninguna persona de ningún partido puede disponer o intentar disponer del cuerpo de una persona, que es lo más sagrado". El 12 de febrero se cumplen 25 años de la muerte de Julio Cortázar, en París. Juan José Saer, tal vez el más grande narrador argentino de las últimas décadas, fallecio también en Francia, en el 2005. ¿Irá Lenz también a buscarlos?