¿Qué sucede en un país donde un cómico, un viejo cantante y un par de divas devaluadas -¡ah, el tiempo, filosa daga!- intentan diseñar su política de seguridad? ¿Qué señal de alerta se enciende cuando reclaman la pena de muerte como remedio de males estructurales? ¿Qué fuerzas oscuras invocan? Susana Giménez, eterna chica rubia, cual sexagenaria Rafael Carra de las pampas, fue la primera en pedir la justicia sumaria para los ladrones involucrados en actos de sangre. Le siguió Marcelo Tinelli, gurú televisivo e inventor de la programación
porno soft para toda la familia. Tinelli se preguntó hasta cuándo los argentinos se van a "dejar matar" por un simple bocadillo y una coca-cola. Para qué. Luego vino Moria Casán, que se inició en los espectáculos al estilo Molin Rouge allá por 1972, y que aún ruge embravecida cuando es llamada a opinar sobre los asuntos políticos. Curioso destino el de la gran vedette argentina: ella, pura imagen, remedo del bisturí, pionera de la silicona, ya no quiere entrar por los ojos. Y, con su pelúca de acrílico y sus pestañas postizas, apela a la razón y explica los males de la sociedad. Para Moria la pena de muerte es "poco" y la cárcel demasiado. Ellos ("the others", como en
Lost ) no la merecen. Cuestión de números: por qué, se pregunta, indignada, una artista de variedades debe financiar con sus impuestos la reeducación (léase castigo) de los que se pudren entre rejas. ¿Qué es eso de proteger los derechos humanos de los delincuentes?, se pregunta el coro de ricos y famosos. Entre ellos también esta Sandro, añejo ídolo de multitudes (esa gente humilde, que más sufre, en rigor, la falta de redes sociales).
La reciente ola de hechos violentos y aberrantes -asesinatos de policías, de una madre y su niña- es presentada en las pantallas argentinas solo en clave de esectáculo, y con música siniestra de fondo. La farándula decidió tomar partido por el orden y convocó a una manifestación en la Plaza de Mayo, frente a la sede del Gobierno. El acto, amenizado por un cura y un rabino, demostración clara del ecumenismo a favor de la tolerancia cero, terminó convirtiéndose en un acto contra la presidenta Cristina Kirchner, que ya tiene demasiados frentes de tormenta abiertos y fantasmas rondando su despacho.
"Estas vedettes, que son más putas que vedettes, que se atreven a hablar de los derechos humanos cuando bailaron y se acostaron con todos los represores...en vez de cabeza tienen un maní. Lo único que tiene son tetas y no son de ellas", bramó Hebe de Bonafini, la líder de una de las facciones de las Madres de Plaza de Mayo. Bonafini no es hoy lo que se dice un símbolo de la tolerancia. Pero, esta vez, su intuición no pareció fallarle. Detrás del reclamo de mayor seguridad y "mano dura" se escucha, cada vez con más fuerza, la reivindicación de los días en los que la Argentina era tan segura que, si desaparecía alguién (un joven, un bebé, un intelectual, un obrero) casi nadie se daba por enterado. "Ellos quieren más milicos (militares)", advirtió.
II
Bonafini solo reclama adhesiones absolutas o rechazos. Tal vez, para ilustrar la perplejidad, se necesita otra voz, más centrada.¿Qué me dicen de Carmen Aribay, que integro la Corte Penal de La Haya y hoy es una de las integrantes del Tribunal Supremo argentino? Pues bien, Argibay, que tiene mayores responsabilidades(institucionales, políticas), pidió a los argentinos azorados y a los que buscan sacarle rédito al temor, "poner el caballo adelante del carro".
Dijo Argibay: "tenemos que empezar por ver las muertes evitables por falta de programas de salud, educación. Después podemos empezar a hablar de qué estamos haciendo para resolver la inseguridad. Claro que hay un problema, pero que es mundial".. Para Argibay, los casos de inseguridad -que existen, naturalmente- están siendo "exagerados" periodísticamente. Y, sobre la marcha contra la inseguridad -una plétora de gente tan bien vestida- señaló: "yo no he visto estas personas marchando por el hambre y por la pobreza". Y: "hay quienes dicen que los delincuentes aplican la pena de muerte. Para empezar, los delincuentes no aplican pena, la pena es un castigo. Cuando alguien mata a otro comete un delito, no es lo mismo. La pena de muerte no se puede aplicar aquí, tenemos penas de prisión severas en algunos casos y esto es lo que podemos aplicar. Lo que pasa es que todo el mundo habla de lo que no sabe y entonces hacemos cualquier osa. Actuamos por impulso y por histeria".
A lo que el escritor Daniel Link agregó: "la pena de muerte en Argentina es un tema de rango constitucional porque, como todo el mundo sabe, la Constitución Nacional prohibe su ejercicio. Discutirla a boca de jarro o a labio de colágeno es un entretenimiento más, sin consecuencias. Uno podría considerar que la frivolidad del planteo de la colonia artística se deriva de su propia lógica o que, por el contrario, sirve para desviar la atención de asuntos más serios (por ejemplo, las investigaciones de la que es objeto el novio -o ex- de Giménez, que aparentemente tiene una patológica debilidad afectiva por los canallitas, los corruptos y los delincuentes). Más difícil es saber por qué los cuadros políticos más visibles se entregan a la misma discusión trivial".
III
Tiempos difíciles estos, para los argentinos. De un lado, y otra vez, la guerra del campo (los productores rurales han vuelto a bloquear las rutas para reclamar menos impuestos a las ganancias extraordinarias). Por el otro, el Gobierno decidió adelantar las elecciones legislativas para el 28 de junio, tratanado de adelantarse a los efectos de la crisis mundial que, para octubre, la fecha original de la contienda, serán brutales. Y, además, el problema de la inseguridad.
El ex presidente Carlos Menem ha decidido, en los tres casos, y fiel a su naturaleza conspirativa, colocarse en la vereda de la oposición. Pero Menem, que enfrenta dos causas penales, está, además, a la búsqueda de algo más trascendente: un peluquero. Y para eso, llamó a una licitación. De la subasta saldrá el estilista que atenderá su testa entretejida. Por el momento, hay cinco finalistas. El ganador tendrá un salario de 1.500 euros.
Aunque Menem se demoró 25 años en reconocer públicamente la paternidad de Carlos Nair Meza, el vástago siente el llamado de la sangre y, por eso, después de participar en Gran Hermano, ahora quiere dedicarse a la política. Dijo que se presentará como diputado. El país reclama mayor compromiso. Y soluciones para asuntos como el de la violencia. ¿Quién mejor que alguien que ya es famoso? "Mi propuesta es concientizar a la gente joven con mucha educación. Un país sin educación es un país que no avanza. Necesitamos que los chicos estén con la mente clara, darle esperanza a la gente grande". ¿Vieron? Siempre existe una esperanza.