martes, 07 de abril de 2009 21:41
Abel Gilbert
Fujimori: último capítulo
Alberto Fujimori ha sido hoy condenado a 25 años de cárcel por las matanzas de Barrios Altos y la Cantuta, perpetradas en 1991 y 1992. Fue un juicio trascendental e intachable. Fujimori es el primer presidente elegido por el voto sentenciado por "crimenes contra la humanidad" en América Latina. En setiembre del 2007 conversé en Lima con una de las víctimas del escuadrón de la muerte conocido como "Grupo Colina". Tomas Livia recibió 27 balazos. Hasta hace poco vendía helados en su silla de ruedas. Él solo esperaba justicia. En su homenaje, recupero de mi ordenador y una vieja libreta de anotaciones, los ecos de aquel encuentro en Barrios Altos.
II
"¿El día que le vea la cara a Fujimori? Ese día le diré: ey, tú, sinverguenza, paga tu culpa, paga por todos los daños que hiciste. Has mandado a matar gente desarmada. Has abusado del poder, mientras la mayoría de la población se comía las uñas del hambre. ¡Mírame cochino!: este es mi dolor, mi calvario". Hace mucho tiempo que Tomás Livia tiene esas palabras atravesadas como las 27 balas que recibió el 3 de noviembre de 1991. Livia es uno de los cuatro sobrevivientes de la masacre de Barrios Altos. Los juceces chilenos consideraron por unanimidad que Alberto Fujimori debía ser extraditado por esta causa. Y por esta causa puede terminar entre rejas.
Cuando el "fuji-tivo" llegó detenido a Perú, Livia sintió que se estaba acercando el momento en el que tanto había pensado, y que esas palabras podrían por fin salir de su boca. "Así son las cosas, Dios tarda, pero nunca olvida".
Livia tiene 48 años y vende helados en su silla de ruedas. Cuando la suerte lo llama, se vuelve a su cuartito en Barrios Altos, la zona más antigua y pobre de Lima, con unos cinco dólares en el bolsillo. Pero cuando hace mucho frío o calor tiene que quedarse en la casa. Esos días, la bala que no le pudieron sacar parece querer arrancarle la carne. Una sonda permanente lo ayuda a calmar el dolor.
Livia no solo vive postrado y en la miseria. Lo que también lo ha atado es el recuerdo de esa noche atroz. Eran como las 22 horas y en el "solar" de la calle Huanta, en uno de esos tantos edificios desvencijados donde se apilan decenas de familias, allí, esa noche, se celebraba una "pollada". El dinero recaudado serviría para mejorar lugar.
Pero a esa hora, como viniendo de la nada, o del mismo infierno, entraron al "solar" seis militares encapuchados, con fusiles de asalto y la certeza de que la cerveza, la música y el baile eran apenas una mascarada para financiar las acciones del grupo terrorista Sendero Luminoso. Eran comandos del Grupo Colina. Y allí mismo empezaron los disparos.
Quince personas fueron acribilladas, entre ellas a Javier Ríos Rojas, un niño de 8 años, su padre Manuel Isaías Ríos Pérez, y Placentina Marcela Chumbipuma Aguirre, la esposa del heladero Livia. Él la vio caer. Vio como sus ojos se cerraban. Y vio como el oficial Santiago Martín Rivas, que ya se había quitado el pasamontañas, alzó su fusil para darle un culatazo en la sien. "Caigo al suelo y me dispara a quemarropa, a lo largo de toda mi columna vertebral, en la cadera, los brazos, antebrazos, las piernas".
Lo creyeron muerto. Livia quedó en el piso y salió gateando a la calle. "Una persona escuchó mis gritos y me llevó al hospital. Al salir, tenía la mitad de mi cuerpo paralizado". Fueron años desesperantes. "Sin familia, sin dinero, sin médicos, sin saber leer ni escribir".
Fujimori aprovechó la derrota del senderismo para construir un poder personal. Todas las denuncias de violaciones a los derechos humanos eran silenciadas. Hasta el propio Livia tuvo miedo de hablar en un principio. "El dolor, el sufrimiento, la pobreza, me dieron fuerzas para denunciar a los asesinos".
El siglo se inició con la caída del régimen. Mientras Fujimori fingía en Tokio ser un súbdito del Imperio del Sol Naciente para no ser extraditado, en Perú, una Comisión de la Verdad y Reconciliación determinó que las víctimas de Barrios Altos fueron ejecutadas extrajudicialmente y los sobrevivientes quedaron afectadas en su integridad física. La Corte Interamericana de Derechos Humanos consideró el 14 de marzo de 2001 que Fujimori impidió la investigación del crimen mediante una serie mecanismos legislativos, judiciales y políticos.
El manto de protección se ha terminado para el "Chino" . "Era el jefe supremo, el responsable: él fue el que órdeno todo. Que no se venga a hacer ahorita el inocente o la víctima", dice Livia, y arrastra su silla por la calle Vidaurre, en Barrios Altos. Ha esperado 16 años. Ahora quiere mirarlo a los ojos y decirle lo que hace tanto tiempo guarda entre sus heridas.
III
El día ha llegado.