domingo, 26 de abril de 2009 20:21
Abel Gilbert
Lugo: el ex obispo semental y la doble moral paraguaya
François Mitterrand tuvo una hija extramatrimonial. Los mismo que el rey Alberto de Bélgica. Y los presidentes del Perú, Alan García y Alejandro Toledo. El argentino Carlos Menem también llevó una vida paralela y se demoró mucho tiempo en darle el apellido a Carlos Nair Meza. Ahora es el presidente paraguayo, Fernando Lugo, el que se suma a la lista, pero lo hace al parecer con una prole profusa. Lo que distingue a Lugo de los demás es, por sobre todo, su pasado de supuesto célibe. Lugo era obispo. Renunció a los hábitos y se puso a la cabeza de una empresa entonces impensada: terminar con la dinastía de 61 años del corruptísimo Partido Colorado del Paraguay. En plena campaña electoral comenzó a circular el rumor de que Lugo tenía hasta 17 hijos, fruto de numerosas relaciones mientras era obispo de San Pedro. Y muchos pensaron que todo era una patraña de los colorados. Al momento de escribir este post, Lugo al menos reconoció ser el padre de uno de ellos. Otras dos madres solteras le reclaman que asuma sus responsabilidades. Y, quizá, no sean las únicas de este culebrón estatal. Lugo ha hipotecado una esperanza de cambio. De personaje providencial se convirtió en objeto de mofa. En Paraguay. Un país donde un vicepresidente murió en la cama con su amante y luego, para sacarle rédito político al cadáver y limpiar a la familia de la vergüenza, una facción colorada realizó un sofisticado montaje, la simulación de un atentado. Eso no absuelve a Lugo, que, en su pedido de perdón a la sociedad se olvidó mencionar al menos las dificultades del celibato desde los concilios de Letrán Trento. "Yo, persona humana imperfecta, asumiré todas las responsabilidades", dijo. Parte de la hipócrita sociedad paraguaya se está rasgando las vestiduras, y quiere convertir la figura del presidente pecador en el árbol que tape el bosque de la ignominia.. Las cifras dicen que más de 600 mil nacimientos no fueron registrados en Paraguay entre 1992 y 2002. Y siete de cada 10 inscripciones fueron realizadas por madres sin marido.
Miles y miles de esos niños nunca serán reconocidos por sus padres biológicos. Mirado en perspectiva entonces, lo de Lugo no fue la excepción impía sino la regla. Su propio linaje la confirma. El presidente era pariente lejano de Agusto Roa Bastos, el más grande escritor de ese castigado país. Pero esa ligazón no tenía sustento legal. Una abuela de Lugo pertenecía a la familia Roa de Caazapá, pero nunca fue reconocida por su padre y transitó la vida con otro apellido.
El ex obispo tuvo un hijo con Viviana Carillo, cuando ella había cumplido los 16 años. Es posible que afronte una acusación por estupro. Lo notable es que, en caso de ser condenado, apenas pagará una multa. Así lo ordena el artículo 137 del Código Penal. El caso Lugo es, por otra parte, apenas un eslabón de una cadena más amplia. Habría que recordar que Paraguay fue un país diezmado en la Guerra de la Triple Alianza, cuando, entre 1864 y 1870, enfrentó a la Argentina, Brasil y Uruguay, con el enorme beneplácito de Londres. Tras el conflicto atroz, la población quedó diezmada. Los hombres eran muy pocos. Mujeres y niños quedaron en absoluta mayoría. A uno de los máximos héroes y posteriores líderes del Paraguay, el general Bernardino Caballero, se le atribuyeron 77 hijos.
Los paraguayos han padecido como pocos en la región el lastre de la pobreza y el analfabetismo. En el siglo XX, el país enfrentó otra guerra, con Bolivia, fomentada por petroleras foráneas, y luego vieneron los oscuros días del dictadura stronista.Lugo llegó al poder prometiendo dejar atrás tantas décadas de iniquidad. "Uno tiene que preguntarse por qué -sean de izquierda o derecha- los sectores blancos de la sociedad paraguaya se empeñan en considerar a la mayoría nativa como meros productores de su placer, una suerte de versión aggiornada del derecho de pernada propio del sistema feudal", escribió en el diario Clarín Oscar Raúl Cardoso, uno de los más lúcidos analistas de la región. El interrogante merece una respuesta. Pero seguramente será evitada en el juego de mascaradas y doble moral que Lugo quiso romper olvídandose de que él también era arte y parte.