lunes, 27 de abril de 2009 15:39
Abel Gilbert
Nacha Guevara y la ley del espectaculo: de "ser" Evita al Congreso
Hay siempre una instancia en la que la política, el supuesto instrumento para dotar de racionalidad a las disputas e intereses entre sectores, se ve contaminado por el pensamiento mágico. La Argentina tendrá el 28 de junio unas elecciones parlamentarias que determinarán buena parte de la suerte de Cristina Fernández de Kirchner, que, hasta el momento, no ha sido de las mejores. Hay que ganar o ganar en la provincia de Buenos Aires, la más importante del país. Y, para ello, nada mejor que exprimir los sentimientos más primarios de los votantes. Al peronismo oficial (porque hay otro que es "disidente") se le ocurrió entonces llevar en la lista de diputados a la cantante y actriz Nacha Guevara, que está protagonizando con aceptable éxito de público Evita, el gran musical argentino. Nacha es, claro, Eva. Y, representar al mito, han deducido en el Gobierno, debería tener su efecto electoral. Ya me había referido la particular atracción que provoca ficcionalizar a la "abanderada de los humildes" en un post de diciembre ("Madonna, Cristina K., Nacha y la saga de inevitables Evitas"). La imaginación personal de quien escribe fue, entonces, limitada. Nacha-Evita ha sido convocada por el kirchnerismo para defender sonoramente sus banderas en el Congreso.
Los peronistas "disidentes", liderados por un magnate de origen colombiano de derechas, no se han quedado atrás e incluyeron en su lista de aspirantes a congresistas a Claudia Rucci, la hija de un líder sindical asesinado por la guerrilla montonera en 1973 y ex actriz de culebrones.
La oposición tampoco se queda atrás en la tentación de apelar a los afectos. El radicalismo y la Coalición Cívica decidieron llevar como uno de sus principales candidatos a diputado por la provincia de Buenos Aires a Ricardo Alfonsín, hijo del extinto y llorado ex presidente Raúl Ricardo Alfonsín. Ricardito había probado suerte en una pasada contienda, apelando a la semejanza fisonómica con el padre y, naturalmente, el peso del apellido. Pero, en ese momento, don Raúl todavía estaba vivito y coleando, y el hijo apenas obtuvo un 3% de los votos. Ex mandatario fue enterrado en medio de tardíos reconocimientos, apologías sin contexto, y la interminable gama de llantos extemporáneos. A los herederos les tocaba capitalizar esas emociones. Mejor apelar a ese linaje y una fisonomía que reactive en todo momento la sentimentalidad. En ese plano, el kirchnerismo y sus oponentes resultan simétrico. El apego a las normas del espectáculo los iguala .