martes, 12 de mayo de 2009 21:03
Abel Gilbert
La elección de los imitadores y sosías
Ya he hablado en el post anterior de cómo la lógica del espectáculo domina la política argentina y que las fuerzas en pugna incluyan personajes mediáticos o apelen a una sentimentalidad cinematográfica para captar la adhesión ciudadana. Pero, ahora,.cuando comienza a transitarse la recta final de elecciones legislativas cruciales (el Gobierno necesita sí o sí garantizar su mayoría parlamentaria o habrá muchos problemas), se ha añadido un elemento nuevo y perturbador. Marcelo Tinelli, el magnate de la televisión argentina, rey Midas del rating, ha incluído otra vez en su programa "Showmatch", un segmento titulado "Gran Cuñado". Se trata de una parodia del reallity show "Gran Hermano", y hecha con imitadores de los principales políticos de este país, muchos de ellos protagonistas de esta contienda electoral. Y, al parecer, los personajes "reales" han entrado en pánico. Temen que el efecto de la burla televisiva frustre sus aspiraciones y les haga morder el polvo de la derrota. Fernando de la Rúa, que gobernó apenas dos años y se tuvo que escapar en helicóptero de la sede presidencial, en diciembre de 2001, atribuyó en parte su caída a la mofa de la que era objeto en un programa de Tinelli. El cómico que lo imitaba, Freddy Villareal, terminó siendo un conjurado a ojos del radical De la Rúa (en el mismo nivel que otros complotados verdaderos: peronistas y empresarios favorables a la devaluación del peso). Néstor Kirchner, que accedió a la presidencia como resultado de aquella crisis (tras un año y medio de gestión de Eduardo Duhalde) entendió que con Tinelli no se puede jugar y le dio tratamiento preferencial, hasta que, al parecer, se distanciaron.
Kircher, que ahora es candidato a diputado, se ha convertido en el principal personaje de "Gran Cuñado". La prensa argentina asegura que el Gobierno le ha pedido "clemencia" a Tinelli. El magnate aseguró que no ha recibido ningún pedido de misericordia. La oposición también tiembla ante los efectos de la sátira. El solo hecho de que se esté hablando en estos términos delata un problema. ¿La fortaleza de un candidato depende de la piedad de su sosías televisivo?