Extraterrestres que le roban el telefono celular a un agricultor. Abducciones disparatadas. Visitas interplanetarias no menos insólitas.El mundo de los ufólogos se guía por su propia lógica conspirativa. Ellos recopilan pruebas e indicios que los otros hombres no quieren o son incapaces de ver. Alejandro Agostinelli acaba de publicar Invasores (Editorial Sudamericana), una colección de historias sobre las personas devenidas personajes a medida que incursionan en el territorio de la ufología o creen haber experimentado contactos de tercer tipo. Agostinelli los trata con distancia y extrema ternura, aún cuando conoce la trama escondida o la impostura. Por esta "feria de lo insólito", según el escritor Pablo Capanna, desfilan las cinco mil personas que acudieron en los años setenta  a la laguna de Chascomús (provincia de Buenos Aires), para ver aterrizar una flotilla de platos voladores (cosa que, se sabe, nunca ocurrió, y dejó al profeta del acontecimiento en el ridículo), así como los participantes de una reunión de espiritistas en la cumbre de lo que fuera en los años treinta el edificio más moderno de la capital argentina. No faltan las vacas destripadas, duendes, enanos grises y verdes. Y, claro, versiones galácticas del peronismo y el marxismo. He leído el libro en una sola tarde, con enorme deleite. Aquí les dejo un fragmento de Che, ovni, película argetina de fines de los sesenta que Agostinelli exhumó del olvido. Y que merece, al menos, un recuerdo cariñoso. Al verla, surge una inequívoca constatación: los extraterrestres siempre estuvieron aquí