jueves, 21 de mayo de 2009 19:38
Abel Gilbert
Rivas, el titán
El 13 de noviembre de 2007, Jorge Rivas estacionó su auto en una esquina de Lomas de Zamora, una localidad de la periferia bonaerense. Descendió, despreocupado, en busca de una farmacia. Rivas se desempeñaba entonces como vicejefe de ministros del presidente Néstor Kirchner y había sido elegido diputado nacional. Esa noche andaba sin custodia. Y, en esa esquina, dos ladrones lo interceptaron y golpearon. Rivas quedó en el piso, al borde de la muerte. Los médicos le diagnosticaron traumatismo de cráneo con hemorragia cerebral. Su cuerpo quedó inmóvil. Rivas sacó fuerzas donde nos las hay y empezó, muy lentamente, un proceso de rehabilitación que aún no ha terminado. Después de más de un año de silencio, ahora se comunica, puede hablar y operar un ordenador. Un teclado virtual le permite seleccionar las letras usando su mirada. Luego, él hace "clic" con el mouse. Ese es el único movimiento posible: dos dedos de su mano izquierda quedaron a salvo de la paraplejia general.Un sintetizador reproduce luego en audio las palabras utilizadas. Rivas habla, escribe, se comunica a través del correo electrónico y los otros servicios de la red con familiares, amigos y dirigentes políticos. Ese es su lgar de intervención y, por ahora, de pertenencia.
"Pasé sin escalas de la hiperactividad a no poder parpadear", le explicó meses atrás al diario Perfil.
En la tarde del miércoles 20 de mayo, el socialista Rivas asumió finalmente su banca en la cámara de diputados.
-¿Estás ansioso?- le preguntaron.
Y él respondió:
-Tranquilo.
El Congreso es un escenario de zancadillas. Por sus pasillos se propagan rencores. Allí, se mezclan las expresiones nobles y, también, las aborrecibles. Pero la llegada de Rivas fue milagrosa. Recibió una ovación histórica, de montescos y capuletos, rendidos, aunque de manera efímera, ante ese hombre que luchó contra todas las formas de la adversidad. El Congreso se reencontró, por esos minutos, con una expresión cabal de la política, sometida diariamente al escarnio y la mofa televisiva.
- Vení, vení canta conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Jorge Rivas a la Argentina vamos a salvar- escuchó que cantaban desde los palcos, en medio de los aplausos. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
El diputado Rivas estuvo una hora en el recinto y votó el tratamiento de un proyecto de ley de su bloque para que no puedan ser candidatos las personas acusadas de delitos contra la humanidad.
-Vengo a poner orden en el bloque-, le dijo a uno de sus colegas. Todavía puede reirse.