viernes, 22 de mayo de 2009 2:01
Abel Gilbert
Los candidatos envanescentes y la profecía berlusconiana
Luiz Inacio Lula da Silva se baja del caballo de la segunda reelección. Alvaro Uribe, en cambio, perfecciona el engranaje que busca perpetuarlo en el poder, sin tomar nota de que el peruano-japonés, Alberto Fujinori, pagó caro su sueño de eternizarse. El poder llama. La cuestión es buscarlo, a toda costa, o conservalo por los medios que sean. En la Argentina, un magnate de origen colombiano amenaza con amargarle las elecciones parlamentarias del 28 de junio a Cristina y Néstor Kirchner. El potentado se llama Francisco de Narváez y se presenta como candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires, el principal distrito del país. Todo los votos que De Narváez le robe al peronismo "oficial" en nombre del peronismo "disidente" tendrán un impacto enorme en los números generales de los comicios. Pueden determinar la suerte del matrimonio presidencial. De Narváez gasta tantos pesos en esta campaña que intoxica. Su rostro, de hombre aplomado, paladín de la seguridad ciudadana, albacea del futuro de los argentinos, está en todos lados. En las rutas y autopistas irrumpe a cada momento. Se lo ve y escucha en los medios electrónicos. Siempre tan seguro de si mismo. El derroche de dinero, poderoso caballero, es tal, que algunos se preguntan si no terminará provocando el efecto contrario. La relación entre fortuna personal y ambición política a gran escala tiene algo de profecía berlusconiana.
El partido de Gobierno tiene su propio repertorio de disparates. Es difícil explicarlos a veces fuera de la Argentina. El kirchnerismo ha inventado las "candidaturas testimoniales". ¿Qué es eso? Bueno, Kirchner, por ejemplo, encabeza la lista de aspirantes al Congreso. Su nombre funcionaría como un imán frente al electorado cautivo. Pero Kirchner, una vez electo, es decir, garantizado el apoyo político, no asumiría como diputado. Lo mismo haría el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y todos los caciques de cada distrito de la provincia que forman parte de la lista del peronismo oficial. Son, en definitiva, un ejército de candidatos "testimoniales", y luego dejarán su escaño a los suplentes. La oposición ha impugnado ante la justicia el ardid pero un magistrado se hizo el distraído. El constitucionalista Daniel Sabsay afirmó ayer que el fallo del juez Manuel Blanco que avaló las candidaturas testimoniales "lesiona la independencia de la Justicia". Cristina K. salió a defender a los candidatos evanescentes. "La impugnación es un intento de proscripción", dijo. Un hilo invisible une a Bogotá con Buenos Aires. Opaca la hazaña moral de Jorge Rivas (de quien escribí en un post reciente) su cruzada en defensa de la política como instrumento de la racionalidad.