miércoles, 01 de julio de 2009 21:37
Abel Gilbert
Diario pandémico (1)
Hoy día ocurrió algo insólito en la ciudad de Mar del Plata. Dos ladrones utilizaron mascarillas (barbijos) para robarle a una mujer dinero y objetos de valor que guardaba en su casa. Se acercaron a ella con un simple ardid intimidatorio. Le pidieron dinero para comprar remedios y combatir la Gripe A. De lo contrario, la contagiarían.
En la ciudad de Buenos Aires, en tanto, el jefe de Gabinete del Ministerio de Salud del Gobierno, Néstor Pérez Baliño, arrojó una cifra temeraria, que explica, en cierto sentido, el pánico de la señora asaltada. Dijo que el 85% del virus que circula actualmente "corresponde al tipo A".
Sin sonrojarse, sin asomo de autocrítica, sin medir las consecuencias concretas de sus acciones, Pérez Baliño reconoció la ausencia de campañas masivas de información a una sociedad que ha entrado en pánico. "No sabíamos que decirle a la gente", dijo, y prometió que, ahora sí, el Gobierno del magnate Mauricio Macri, gran jugador de golf en tiempos apestados, comenzará una campaña de esclarecimiento a la sociedad.
Las escuelas pueden cerrar. Las universidades también. Y los centros comerciales. Y los teatros. Y los restoranes. Y las bibliotecas. Pero el fútbol no se toca. Hasta el momento de escribir este post, la final del campeonato entre Vélez Sarsfield y Huracán, prevista para este fin de semana, se jugará con público.
Las mascarillas, como la de los ladrones marplatenses, se han agotado en las farmacias de esta ciudad. He comprado una de las que utilizan los pintores, y que tienen capacidad de aislar cualquier tipo de gérmen por unas dos horas. Cuando estaba en la botica, entró una señora al borde de un ataque de nervios. Pidió una cajita de oseltamivir, la droga conocida por su nombre de fantasía Tamiflu, y que los laboratorios Roche y LKM abastecerían en las próximas horas. Las cápsulas solo hacen efecto si la gripe es detectada de inmediato.
La vendedora le dijo que la tendrían en las próximas horas, pero que solo podría comprarla bajo receta médica. Si quisiera adquirirla, deberá abonar unos 50 euros.
El sindicato de Farmaceúticos le ha pedido por otra parte al Estado argentino, el principal acopiador de estos medicamentos, que adquiera una droga llamada Zanamivir, disponible en en México, Europa y Estados Unidos.
Hasta ahora han muerto 42 personas.
Están aquí los que arrojan teorías conspirativas, están los que ya se autoaislan, con hábitos propios de aquellos refugios posnucleares, y están los que siguen viviendo despreocupadamente, como lo hacía hasta hace muy poco el señor Pérez Baliño. Y están los que rezan.
Los que oran, como en el medioevo.
Y mientras escribo, me acuerdo de una ciudad, de Oran, donde Albert Camus ambientó en 1947 su gran novela existencialista. Esa novela se llama La peste.
Si girara mi cabeza hacia la derecha, si la vista apuntara al centro de mi biblioteca, enfoncando, para mayor precisión, a uno de los estantes que acumulan textos de la literatura europea, si mi lente se aguzara, advertiría el lomo de esa novela, con su título en letras de molde.
Pero no. No quisiera volver a leerla.