lunes, 13 de julio de 2009 21:22
Abel Gilbert
Triste y solitario final
No todo es pandemia en esta región del mundo. A veces llega el momento de la celebración. El coronel Luis Arce Gómez, "ministro de la cocaína" de la última dictadura boliviana, aquella que irrumpió sangrientamente en julio 1980 y se extendió por dos años, fue extraditado a La Paz días atrás, después de pasar un buen tiempo en las cárceles norteamericanas. Fue, claramente, un gesto de acercamiento de Barack Obama al Gobierno boliviano, del que nos ocuparemos en otro momento. Lo importante es la constatación del irremebiable ocaso de un hombre que fue temible. Arce Gómez llegó al aeropuerto de El Alto viejo y enfermo, en silla de ruedas, hecho una cariucatura de ese coronel de Inteligencia que le sugería a los civiles que anduvieran "con el testamento bajo el brazo".Qué notable el destino. Arce Gómez volverá a ver la cara del dictador Luis García Meza. El jefe del Golpe y su ministro del Interior juntitos en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro. Arce Gómez había sido sentenciado en 1993 a 30 años de cárcel. El entonces presidente Jaime Paz Zamora prefirió sacárselo de encima y lo extraditó a EE.UU., donde cumplió una sentencia de 15 años de carcel por narcotraficante. Arce Gómez contó, en sus días de esplendor, con la compañía de Klaus Altmann. Su verdadero era Klaus Barbie. Lo conocían como "el carnicero de Lyón". Se había escondido en Bolivia, había conspirado allí, hasta que fue descubierto. Una reciente película, La Cacería del Nazi, da cuenta de lo que ocurría en esa Bolivia escalofriante.Pero, claro, hablamos de "esa" Bolivia y "esos" golpes como si fueran cosas del pasado, completamente enterrado. ¿Que señal dibuja Honduras en el horizonte?