sábado, 18 de julio de 2009 17:09
Abel Gilbert
AMIA: la pandemia de la impunidad
Quería seguir con mi diario de la pandemia, pero no. Lo dejo para otro día. Un recuerdo me asalta hoy, desde que me levanté. La memoria me arrastra hacia atrás. ¿Dónde estaba hace 15 años, a las 9:53 de la mañana? Me recuerdo muy cerca de la zona del desastre, caminando por la avenida Corrientes, cerca del barrio del Abasto, aunque una hora antes de la explosión. Y recuerdo luego, en otra punta de la ciudad, el llamado al celular. "Volaron la AMIA, hay muchos muertos, apurate", me dijo Tony que, entonces, trabajaba conmigo. Y salí corriendo a mi oficina, a escribir. Y recuerdo que lloré al ver las primeras imágenes en la televisión. Y recuerdo el estupor, el espanto, la incredulidad. Ha pasado una década y media, y todo parece en el mismo lugar. El atentado terrorista contra la mutual de la comunidad judía de Buenos Aires, la AMIA, no ha avanzado un solo paso en su dilucidación: hubo 85 víctimas fatales y, a pesar del tiempo o- dicho de otra manera- como consecuencia de un tiempo negligente, no hay ningún culpable. No hay un solo preso. No se sabe de dónde salieron los explosivos. No se ha podido compribar cómo entraron al país los autores de semejante crimen. No se sabe quiénes eran los integrantes de la red local. No existen análisis de ADN. Y todo es no. No. No. En julio de 1994 gobernaba Carlos Menem, hijo de inmigrantes sirios, y esa lógica, la del encubrimiento, sigue, en algún punto, gobernando los acontecimientos.Hace un mes y medio, el Tribunal Supremo de la Argentina ratificó que las investigaciones judiciales realizadas para esclarecer ese episodio atroz se basaron en pistas falsas. "Fue una maniobra al servicio de políticos inescrupulosos", dijo el Supremo. El más alto tribunal ordenó a su vez investigar otra vez a Carlos Telledín, un armador de automóviles robados que tuvo en su poder la camioneta Traffic que estalló frente al edificio de la AMIA; en la calle Pasteur. Pero hasta el momento ningún fiscal ha tomado cartas sobre ese asunto.
Hace 45 días, el juez Rodolfo Canicoba Corral pidió la captura internacional de un ciudadano colombiano convertido al Islam y que estaría en el Líbano. Se llama Samuel Salman El Reda y lo acusan de haber coordinado el atentado. Pero hasta el momento no se ha traducido el pedido de captura internacional.
La acusación inicial contra Irán fue en su momento funcional a la política exterior de Estados Unidos e Israel. Pero para descartarla definitivamente de plano debería detenerse en algún momento a siete ciudadanos iraníes que estuvieron en la mira de la justicia local, entre ellos el ex presidente Alí Akbar Rafsanjani. Algo que, en rigor, se sabe, nunca ocurrirá.
Hay, además, una acusación contra Juan José Galeano, el primer juez a cargo del caso AMIA, destituído años atrás, y que alcanza también al ex presidente Menem, su hermano Munir y al comisario de la Policía Federal Jorge "Fino" Palacios, por haber impedido que se investigara a una amigo de la familia Menem. Alberto Jacinto Kanoore Edul, el amigo en cuestión, había realizado una llamada a la casa de Telleldín ocho días antes de que la Traffic explotara. "La existencia de esa imputación demuestra que no se quiso investigar la denominada pista siria, una vertiente que vinculaba el atentado con promesas electorales de Menem al entonces presidente de Siria, Hafez Al Assad, y con algunos otros personajes que rondaron la Casa Rosada, como Monzer Al Kassar (un viejo conocido de España)", señaló al respecto el diario Pagina 12..
El comisario Palacios acaba de ser designado por el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el magnate Mauricio Macri, como la principal autoridad policial capitalina. Y no solo eso: advirtió que lo mantendrá en su cargo aunque fuera procesado por el juez Ariel Lijo.
"No pensamos bajar los brazos y seguiremos trabajando para encontrar a los responsables", prometió hoy, 18 de julio de 2009, el jefe de ministros, Aníbal Fernández. "Uno siente que el tufo (olor) a complicidad siempre ha estado presente y uno tiene mucha bronca", añadió.
Menem también se mostró "indignado" aquella mañana del 18 de julio de 1994. Y también prometió llegar al corazón de la verdad.
Y todos los que vinieron después dijeron lo mismo.
"La peor pandemia es la impunidad", dijo Laura Ginsberg, de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (Apemia). "Venimos diciendo desde hace muchos años que fue un crimen perpetrado desde el Estado. Si se reconocen como crímenes contra la humanidad, el responsable es el Estado. Aquí hubo un crimen de terrorismo de Estado en democracia, aquí hay una responsabilidad encubridora del Estado nacional", aseguró.
Han muerto 85 personas.
No hay culpables.