Ok. Ya lo intuíamos. Uno creía que la gente comenzaría otra vez a saludarse normalmente, que reduciría gradualmente la distancia prudencial y ascéptica, que el protocolo se restituiría pronto. Pero no. Ahora resulta que el ministro de Salud bonaerense, Claudio Zin, anuncia que la gripe A, por la cual murieron 160 personas, "no se termina en dos semanas". Y que habrá que acostumbrarse a vivir con el virus (¿y los miedos? ¿y la paranoia? ¿y la hipocondría?)  un buen tiempo. "Se quedará por tres o cuatro años", precisó. O sea que esta historia no solo recién ha empezado sino que todavía quedan algunos capítulos negros sin escribirse. Zin, que antes de asumir como responsable sanitario de la principal provincia argentina era comentarista televisivo, le pidió a la población que se siga cuidando. El invierno, predijo, "va a ser muy serio".

            Y me quedo pensando en su diagóstico, y como se mezclan las cosas en este país de vacaciones forzadas, con la ciudad a media máquina. El otro día fui a comprar un disco a Musimundo, que es uno de los principales abastecedores de música, películas y artículos electrónicos de esta ciudad. Y, cuando me toca el turno de pagar, veo, cerca de la caja, algo que me desconcierta. 

            -¿Eso es alcohol en gel?

            -Sí, para las manos- dice la cajera.

            -¿Se vende o es para los clientes? Digo: para limpiarse después de entrar en contacto con superficies que pudieran estar contaminadas, como los billetes.

            -No, se vende.

            -¿Cómo que se vende?

            Y ella se encoge de hombros. No sabe qué contestar. A esto se ha llegado: a vender alcohol en gel (¿y mascarillas también?) en una disquería, para competir con el mercado negro de la profilaxis. ¿Qué música reclama esta pandemia?

            Vuelvo a Zin. El ministro televisivo aseguró que la Argentina ya ha recorrido tres etapas del virus. "La primera fue de cierre de escuelas, por ejemplo. La segunda instancia consistió en el aislamiento social -para aquellos que tenían sospechas de gripe- y ahora estamos en la de tomar distancia de los demás".

            Y recomendó, a los que tienen síntomas, no moverse de sus casas. "Mientras tanto, los que no tienen síntomas tienen que mantener un distanciamiento social".

            Me encuentro con un amigo en el barrio de Palermo. Es un encuentro casual. Nos alegramos de la sorpresa. Pero nada de estrechar las manos ni de besos en las mejillas o abrazos. La "distancia social" recomendada por el ministro funciona por instinto y educación mediática.

             De vuelta a casa, en el metro, leo Barcelona, la más corrosivas de las revistas de este país, y me río como un desbocado. Hasta el Apocalípsis es un tema de sorna para sus autores. La Gripe A, que es un hecho de consecuencias más limitadas, aunque inquietantes, también es objeto de la mofa y el sarcasmo. En la pagina online de Barcelona se le pregunta a los lectores "cuántos de sus seres queridos" se han contagiado. Y las opciones son las siguientes: 1) Ninguno 2) No los he podido contar, pues tengo 40 grados de fiebre 3) Todos 4) No tengo seres queridos. 

           La risa no cura pero atenua.

           Mientras, el Gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner avisó que en los próximos días convocará a los laboratorios nacionales para que desarrollen una vacuna contra el virus H1N1. Aseguran que hay investigadores y empresas en condiciones objetivas de hacerlo. Y que el próximo año se podrían cubrir las necesidades de la población con una vacuna local.Y esa es, también, la Argentina. La que se cocina en el caldo de su caos pero, al mismo tiempo, es capaz de imaginar soluciones propias.