martes, 25 de agosto de 2009 22:14
Abel Gilbert
La legalización del "porrito" y otras asignaturas pendientes
"Me estoy sintiendo tan a gusto que me fumaría un porrito",dijo Andrés Calamaro en 1994, la noche que cantó en la ciudad bonaerensede La Plata. La justicia intentó procesarlo por apología de la droga. Once añosmás tarde, el músico argentino fue absuelto en un juicio oral y público. Lo deCalamaro, al fin de cuentas un rock starde las pampas, había sido, a los ojos del fiscal, una "inconveniencia", pero noun delito. Cuatro años después, el Tribunal Supremo de la Argentina ha ido máslejos y despenalizó el consumo personal de la marihuana, siempre y cuando seaun acto privado y no afecte a menores. El Supremo se pronunció en la tarde delmartes en una causa que terminó con la condenade dos vendedores de drogasmientras que cinco que sus clientes quedaron a salvo de cualquier persecuciónpenal. Antes de darse a conocer el fallo, calificado aquí de histórico, uno delos integrantes del máximo tribunal, Carlos Fayt, consideró que el granproblema de la Argentina no son los consumidores de "porritos" sino losnarcotraficantes.
Eldictamen señala que el derecho a la intimidad está protegido por el artículo19 de la Constitución Nacional. En el mismo se subraya que "las accionesprivadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moralpública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas dela autoridad de los magistrados".
Durante la últimadictadura militar (1976-83), los entonces integrantes de la principal instanciajudicial fijaron un precedente que rigió en los primeros años de la transicióndemocrática y que castigaba la tenencia para el consumo. Recién en 1986 seconsideró inconstitucional sancionar la posesión de pequeñas cantidades demarihuana para uso personal, invocando el mismo artículo 19 de la Constitución. Pero en los noventa, en los años que gobernaba Carlos Menem y su cuñada, Amira Yoma,era sospechada de formar parte de una banda narco que tenía pase libre en elaeropuerto internacional de Ezeiza, el Supremo volvió a instalar la lógica delrégimen militar.
Esa etapa queda ahoraen el pasado.
Los miembros del Supremo coincidieron en que "se debe proteger laprivacidad de las personas adultas para decidir cuál es su conducta y, en elcaso, si desean tener o consumir drogas". Los voceros del tribunal dejaron enclaro que sus integrantes no avalaron con su dictamen "el consumo conostentación hacia terceros, ni aquel con intención de comercializar, y sólo serefirió a la marihuana".
CarlosZaffaroni, un notable criminalista que se integró al Supremo seis años atrás,señaló la semana pasada, en respuesta a los opositores a la despenalización dela marihuana, que "no es momento de hacer política de avestruz, escondiendo lacabeza ante el grave problema de los tóxicos". A su criterio, el actual CódigoPenal "no puede resolver todo, salvo reprimir el tráfico. Ese camino no solucionanada y quedó confirmado".
ParaZaffaroni, el problema de la Argentina no es hoy el "porrito" sino el paco, ladroga sintética que se fabrica con los remanentes mas peligrosos para la saludde la cocaína, y que está afectando en especial a los jovenes (!y hasta niños!) provenientes sectores más pobres delpaís. "El paco requiere una solución urgente, hay que cortar radicalmente eltráfico de ese tóxico. Esto implica agilizar el trámite de la internacióncompulsiva, es lo básico que se necesita en este momento", dijo Zaffaroni.Zaffaroni cree que "erradicar el tráfico de paco es más sencillo que con otrasdrogas", porque "no hay mafias internacionales ni cárteles, sino una pequeñamafia barrial". Y, sí, el paco es una verdadera condena social en la Argentina.Las madres de los adictos, gente de bajísimos recursos, dicen que está acabandocon una generación. En otro post ya me he referido a este verdadero lastre. El Gobierno de la ciudad de Buenos Aires todavía no ha advertido la magnitud del peligro. La verdadera política del avestruz.