Algunos lectores piensan que debería rectificar mis opiniones sobre Diego Armando Maradona a la luz de la clasificación de la selección argentina. El episodio fortuito, providencial, diría, que le ha permitido llegar al Mundial de Suráfrica no cambia en una sola letra el contenido de mi post anterior. La entonces posibilidad de quedarse afuera del gran evento deportivo-económico y mediático global, era, apenas, un disparador, una excusa para intentar indagar qué tipo de relación, qué pacto, se ha establecido entre el Mito (EL) y un sector de la sociedad, cuáles son los usos y abusos de su nombre. Después de que Maradona le exigiera a sus críticos, como acto de desagravio que borrara las palabras dichas, una suerte de simbólica felación nacional, no me quedan dudas de la certeza de mi comentario.
Por estas horas se escucha aquí una interpretación que busca, !otra vez!, recomponer una imagen plebeya y outsider de Maradona: se dice que los medios lo han castigado porque se ha mostrado a favor de la estatización de la televisación de los partidos de fútbol y de la reciente reforma de la ley audiovisual, resistida por las corporaciones.
Claro que, a estas alturas, seguir pensando a Maradona como un antisistema es altamente problemático. Dios suele amagar por izquierda para irse, siempre, en otra dirección. No es justo pedirle pureza. Tampoco, claro, hacer de su icono una explicación total de las contradicciones y enconos de esta sociedad. El cantante pop Andrés Calamaro ha salido en su defensa y comparó su situación con la de Astor Piazzolla. La analogía es disparatada. Piazzolla fue el gran renovador del tango y un verdadero oportunista político (capaz de almorzar con el dictador Jorge Videla, escribir una cantata a Perón o la música de una película sobre Salvador Alllende). Pero Piazzolla nunca fue usado como modelo de rebeldía ante los poderes.
Por último, el problema con Maradona no es su exabrupto y su grosería. ¿Tiene razón entonces Julio Grondona cuando dice que EL ha hablado como muchos argentinos en la calle y en la misma televisión? Claro que no. Fue una justificación oportunista. Ya está muy gastada la imagen de Maradona y su condición de metáfora de lo argentino: Diego como síntesis de un país rico, creativo y, al mismo tiempo, con enorme capacidad de auto infligirse daño. Un ecosistema cultural capaz de dar a Jorge Luis Borges y fomentar el alarde de la grosería. ¿No serán las cosas más sencillas? Ni siquiera los amigos de siempre, el coro griego de la alegre obsecuencia, se sintió cómodo con ese convite a la mamada pública. Así que, para no repetirme, glosaré aquí dos extraordinarios artículos, uno del escritor Martín Caparrós, y otro de Juan Pablo Varsky. Espero que se diviertan.
Dice Caparrós:
Es duro para todos: nos habíamos acostumbrado, y nos gustaba. Durante muchos años fuímos él porque éramos rehenes de su belleza. Lo que hacía Maradona en una cancha de fútbol era tan desmedido, tan inesperado, tan extraordinario que era normal que lo que hiciera afuera lo fuera también -y que lo aceptáramos o celebráramos como pequeñaspartes de un gran todo. Fue un artista notable -alguien que hace distinto lo que muchos hacen parecido- y ya hace más de un siglo que nuestras sociedades aceptan que los artistas tienen ciertos privilegios o, por lo menos, que sus actos no deben ser medidos con la vara general: si crean hechos o gestos que exceden los límites de lo pensado, ¿por qué tendrían que mantener sus vidas dentro de esos límites? Maradona se acostumbró a ese criterio, y lo sigue empleando. El problema es que ya hace muchos años que Maradona dejó de ser un artista [.... ]
Ahora el señor Maradona es un trabajador mediocre al que le salen las cosas más o menos mal... Digo: un señor que en un año no ha conseguido armar un equipo que juegue a algo -que por eso le pagan. Un señor que supo poner incómodos a todos los demás con sus gestos y actos y que, desde que tomó este trabajo, vaciló y falló como muy pocos. Un señor que consiguió que ya nadie le crea: que dice que está pensando renunciar y a los dos días pregunta de dónde sacaron que está pensando renunciar. O, mucho peor, un señor que consiguió que ya no le crean ni sus subordinados: que busca a un jugador,le dice que es el mejor de todos y que lo va a tener siempre en su equipo y a las dos semanas lo desdeña. O sea, un señor que no sabe lo que hace: que busca a alguien y días después se da cuenta de que se había equivocado. Un señor que lleva un año sin poder ir a su lugar más aficionado -la cancha de Boca- por miedo a que miles de personas lo puteen: hablemos de fracasos.
A lo que Caparrós agrega en su artículo publicado en Crítica :
Es duro ya no ser Maradona. Nos pasa atodos: ya no somos porque él ya no es. Si es duro para todos, me imagino lo difícil que debe ser para un tal Diego. Pero él, el señor Diego Armando Maradona, a quien esto le pasa en grado sumo, tanto más que a cualquiera de nosotros, eligió pensar que a él no le pasa sino que que hay unos hijos de puta que dicen que le pasa: los periodistas, muy en particular, y millones de argentinos más en general. La culpa es del relato, dice. Cuando era un artista no necesitaba explicarnos que lo que hacía era lo que era, porque se veía;ahora trata de explicarnos que lo que hace no es lo que es, pero se ve. Lo vemos: vemos el espanto futbolístico de su equipo. No precisamos que nadie nos lo cuente ni lo pensamos porque nos lo cuenten; lo vemos, como lo veíamos -sino éramos tontos entonces, no lo somos ahora. Pero el señor Diego dice que es puro cuento y por eso mandó a los que lo cuentan y a los demás que lo critican-a todos nosotros- a chupársela o, incluso, mamársela. Yo creo, señor Diego,que si usted lo dice sabe por qué lo dice, y sólo quiero pedirle que se haga cargo de sus palabras. Nos pidió -nos ordenó- que se la chupáramos; aquí estamos, dispuestos a tomar sus órdenes como deseos o algo así. Sólo queda que usted fije día y hora, un lugar más o menos discreto -dentro de lo que cabe-, y varios millones nos pondremos en cola para ejercer, de uno en fondo, esa succión que usted comanda. Quizá nos lleve días o semanas: valdrá la pena complacerlo.Será nuestro último homenaje, por los buenos viejos tiempos. Después, si sobrevive usted a tanto respeto -ya no creo que podamos considerarlo amor-,olvídenos, vayase por favor adonde pueda y permítanos recordarlo como era cuando era maradona. Digo: no siga destruyendo su memoria.
Y esto dice Varsky en el diario La Nación:
Recuperen el decodificador. Ahora el fútbol tiene su canal porno. Maradona ha invitado a los periodistas a una práctica bastante frecuente en la relación con el ídolo. El seleccionador puede sentirse sexualmente satisfecho. Siempre hubo y habrá periodistas dispuestos a cumplir con su pedido, expresado cuatro veces en la noche montevideana. No haber abandonado masivamente esa conferencia de prensa ante semejante falta de respeto, no haberlo dejado solo con su resentimiento es una muestra más de esa sumisión. Razones como el temor a perder el trabajo, el morbo ante la frase matadora o la falta de conciencia colectiva convalidaron el vuelco del DT. Que ningún colega haya salido inmediatamente a respaldar a Juan Carlos Pasman habla mucho más de nosotros que de Diego. Minutos más tarde, Pasman tergiversó las sensatas declaraciones de Verón para ponerle pimienta a su pregunta. Así funciona la máquina. Con la injusticia que conlleva cualquier generalización,el periodismo deportivo en la Argentina está mal conceptuado. Déficit de formación, un multimedio dominante que unificó estilo y, sobre todo, la obsecuencia con los protagonistas son los laureles que supimos conseguir. A hacernos cargo. Para futbolistas, dirigentes e hinchas, es mucho más fácil hablar de "los periodistas" que dar sus nombres propios. Sería bueno que empezáramos a identificarnos y resolver los asuntos entre las personas aludidas. La corporativa reacción de los jugadores en el festejo es entendible como desahogo. Demichelis lo planteó: "No me banco que digan que Messi no quiere jugar porque no canta el Himno". La mayoría reaccionó con clase. Están más acostumbrados a la crítica profesional y no la confunden con unagravio personal.
Por primera vez, Maradona recibe cuestionamientos sobre su trabajo. La angustiosa clasificaciónal Mundial no tapa sus problemas de liderazgo, su numeroso e incompetente cuerpo técnico, la interna con Bilardo, las convocatorias compulsivas, la confusión de los futbolistas y la falta de funcionamiento. Anteanoche, nobleza obliga, el equipo ejecutó correctamente su plan. Se defendió con orden y con la pelota. La inevitable consecuencia de su proyecto (mantener el cero a cero) fue atacar poco y mal. A mí no me gusta que la selección juegue así, pero es subjetivo.