En 1985 salió de la cárcel con seis balas en el cuerpo y la cabeza rapada, después de casi 15 años de confinamiento en condiciones humillantes. En la noche de este domingo, Jose Pepe Mujica obtuvo el 48% de los votos y puede convertirse en presidente uruguayo el 29 de noviembre, cuando dispute la segunda vuelta con el líder blanco, Luis Lacalle. Cuánto debe haber cambiado la sociedad uruguaya para que Mujica, cuyo nombre ha estado asociado a la "leyenda maldita" de la política de ese país, el Movimiento de Liberación Nacional (MLN-Tupamaros), doble en aceptación electoral a los candidtaos de los dos partidos tradicionales. Ni Mujica es el mismo (se define como un "guerrillero vegetariano", adalid de la moderación) ni la sociedad sigue con los temores y prejuicios heredados de la dictadura (1973-85).
En la fría noche del domingo montevideano, cuando ya se sabía que habría ballotage, con todo lo incierto que tiene ese escenario, Mujica salió a saludar a la multitud que lo ovacionaba frente al Hotel NH Columbia. El senador estaba envuelto en una bandera nacional. La gente estaba de espaldas al río. Quien escribe se alojaba en el octavo piso del hotel. "Se ve, se siente, Pepe presidente", gritaban abajo. Abro la ventana. Solo se ve un mar de gente. Escucho al candidato del Frente Amplio improvisar su arenga:
"La hermosa causa del destino del pueblo nos pide un esfuerzo mas, treinta dias de entrega, de militancia. Ya no por la bandera tricolor, ahora por la uruguaya. Hay que darle continuidad a todo lo mucho que sembró este Gobierno, que se acordó de los olvidados y supo hacer andar la economía. Sí, compañeros, treinta días más de lucha, pero no de odio para nadie. De altura. Es una lucha entre compatriotas...Vamos a demostrar que lo imposible cuesta un poco más. No va a ganar el Pepe, vas a ganar vos. Porque esta no es una lucha de los superheroes, esta es una causa del pueblo, es una causa colectiva, es una causa de compromiso. Ningun viejo le puede regalar la prosperidad a la sociedad. La vamos a ganar entre todos.Por eso, treinta días de entrega, a la lucha, y nunca nos convencerán. Un pequeño país no puede olvidarse de la diáspora. Este país necesita cerrar su pasado con justicia. Y lo que decide por mayaroría nuestro pueblo lo respetamos, pero seguiremos luchando, por el pan de todos, por los ausentes del país, por los que no están, vamos arriba compañeros, a la lucha, a la lucha, treinta días más de lucha".