¡Qué noche la del lunes! Del cielo de Buenos Aires cayeron 90 milímteros de agua en dos horas. La ciudad se inundó como pocas veces. Otra vez vimos automóviles flotar como canoitas por las calles. Y no solo uno, ¿eh? Estaba en mi casa. Eran las nueve de la noche y el agua comenzó a entrar a las habitaciones por el patio. Luego por el techo, filtrándose por resquicios de la azotea. Tuve que utilizar frazadas y dos cubos para contener esa furia. Ubicados en los estantes superiores de una de mis bibliotecas, fueron acumulando gotas a lo largo de la noche. Plop. Plop. El ruido de la exasperación. Uno de los tomos de En busca del tiempo perdido ya lleva las marcas de esa noche perdida. En medio del vendaval se cortó además la luz.  "Va a estar bueno Buenos Aires", prometió el magnate Mauricio Macri en su campaña electoral que lo consagró jefe de Gobierno. ¿Estaría en su piscina? (Macri "nada" ironizaría un diario después, pero no hablaría de deportes). Por suerte tenía unas velas buenas a mano. Bajo esa llama trémula pudimos concluir nuestra cena e irnos a dormir. La luz se hizo durante la madrugada. Al otro día supimos que la tormenta había sido de una voracidad inédita, esa que mezcla los efectos del cambio climático con la arraigada cultura de la negligencia social y administrativa.

        La inundación afectó a zonas de la capital argentina que hasta ahora venían soportando las tormentas de esta naturaleza enloquecida. ¿Por qué sucedió eso? Ahora dicen que por problemas en el funcionamiento de los sumideros. Lo cierto es también que no hubo un alerta meteorológico y la lluvia tomó desprevenidos a casi todos en las calles. Los que más lo padecieron fueron los automovilistas que intentaron cruzar un tunel y vieron convertirse a sus carros en balsas.

      Pero hay otro agravante que exime en cierta medida a las autoridades porque es del orden cultural. El horario para dejar las bolsas de residuos en las calles, a la espera de que pase el camión recolector, es de 20 a 21 horas. Pero muchísimos habitantes de la ciudad dejan la basura antes. Las arrojan con una despreocupación por lo ajeno que tiene consecuencias. La tempestad desaparramó los desperdicios y tapó desagues. El agua hizo luego lo suyo.

      Existen otros factores que hacen de Buenos Aires una Venecia austral. Las obras hidráulicas diseñadas para atenuar las consecuencias de estas tormentas avanzan muy lentamente.

       Al otro dia un vecino me dice: la especulación inmobiliria en algunos barrios (Palermo especialmente) ha provocado grandes distorsiones en el uso de la infraestructura. Con tantas torres nuevas, las redes se saturan con el mínimo percance.

     -¿Qué pasaría si a todos los habitantes de esos edificios se les ocurriera ir al baño al mismo tiempo?

     -En Palermo tiemblan de solo imaginar la posibilidad de semejante desborde.

     -Por suerte, lo que cayó del cielo fue agua- bendigo.  

      El Gobierno anunció subsidios de hasta cinco mil pesos (unos 800 euros) para los damnificados. Deben demostrar fehacientemente la magnitud de los destrozos y pasar con hidalguía los requisitos burocráticos.

       "No bombardeen Buenos Aires/no nos podemos defender", cantaba en 1982 Charly García. Hablaba de la vida cotidiana durante la guerra de las Malvinas contra el Reino Unido. Casi tres décadas más tarde, el pedido de clemencia es mucho más modesto. Solo la lluvia es capaz de poner una ciudad patas para arriba. 

   PD:

Han vuelvo a caerdel cielo 80 milímetros en muy poco tiempo. Fue un viernes anegado. La gentecaminando con el agua hasta la cintura. Un niño tragado por el agua. Los cortesde luz. Al otro día, el número dos del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, HoracioRodríguez Larreta lanzó un mensaje optimista: si vuelve a llover así, lacapital argentina se inundará de la misma manera. Las soluciones llegarán, consuerte, en un año y medio. Lo extraordinario de la situación: en las zonas másanegadas comenzó a ofrecerse el improvisado servicio de taxi náutico: paraevitar ser arrastrados por la corriente o empaparse, hay que pagar unoscincuenta centavos de dólar y subirse a unos neumáticos de camión. Eso sí quees progreso.