La Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) consideró que Uruguay no cumplió con las disposiciones internacionales comprendidas en el Tratado del Río Uruguay al no comunicarle debidamente a la Argentina su intención de poner en marcha dos pasteras en su ribera. Por lo tanto, "no tenía derecho"  a comenzar a construirlas mientras no se agotaba el proceso de negociación con el vecino con quien comparte ese río. Finalmente, en la costa uruguaya se levantó solo una fábrica, la de Botnia, de origen finlandés. La CIJ estimó sin embargo que Botnia no contamina. "La Corte desestima, en base a la documentación presentada, que la tecnología utilizada por la pastera no cumpla con la utilización de las mejores técnicas para el tratamiento de afluentes", dijo. Por lo tanto "no hay motivo para ordenar el cese" de la fábrica. La  CIJ reconoce no obstante que si en el futuro se comprueba la contaminación, Argentina podrá realizar los reclamos pertinentes.

            O sea: todo parece seguir igual después de este fallo equilibrado. Buenos Aires y Montevideo se sintieron respaldados en sus aspiraciones.

            "Hasta que Botnia no se vaya no levantamos el bloqueo", dijeron ayer por su parte  los "asambleístas" de Gualeguaychú, la ciudad dela provincia argentina de Entre Ríos que se conecta con Fray Bentos, en el litoral uruguayo, a través del puente internacional José de San Martín. El piquete lleva más de tres años. No se conocen antecedentes de un corte tan prolongado en tiempos de paz.

             Los asambleistas de Gualeguaychú quieren que Botnia desarme la fábrica y regrese a Finlandia. Cuando la pastera comenzó a instalarse, Gualeguaychú entró en pánico. La ciudad vive prácticamente de un carnaval que imita al de Río de Janeiro y del turismo veraniego. La existencia de una pastera, se temió, terminaría con la salud y la economía de su gente. Botnia inició sus actividades en noviembre del 2007. Porel momento, los aciagos augurios ecologistas no se han cumplido. Pero el piquete se mantiene incolumne. La "resistencia" se convirtió en una suerte de relación social. Los asambleistas se reunen en la parte del puente argentino a tomar mate, la popular infusión que es tan común en Argentina, Uruguay, Paraguay y hasta el sur brasileño. Funcionan, en los hechos, como autoridades migratorias(a tal punto que la Aduana fronteriza está vacía). Ellos deciden qué automóvil puede pasar al Uruguay. Ellos determinan los costos económicos del bloqueo.

            "Botnia sí contamina, lo que hay que comprender es que se trata de una contaminación acumulativa", ha sostenido el médico Martín Alazard, también miembro de laAsamblea. Este cronista a atravesado el puente, ha conversado con gente de Gualeguaychú y Fray Bentos. Cada uno tiene sus razones.

            Le viene ala memoria un artículo escrito en diciembre de 2009. Transcribo su final.

            " Sentado sobre una silla de plástico y con la mirada puesta en el río, el asambleísta, un ex empleado telefónico, insiste: nadie lo sacará del puente. Siente que su esfuerzo será comprendido en el futuro. Hubo días en los que estuvo prácticamente solo. El y sus circunstancias. Y el río. Y una radio, o un libro. El cronista quisiera recomendarle la lectura de El desierto de los tártaros, escrito por el italiano Dino Buzzati en 1940. La historia es simple y atroz: un oficial,Drogo, es destinado a una remota fortaleza militar, la frontera que separa alreino de la amenaza de los tártaros. La Fortaleza es una suerte de laberinto.El bastión desde donde se espera el inminente peligro: la llegada de los bárbaros. Con el tiempo, el desierto se apodera de Drogo y de todos los que están en la Fortaleza. Los tártaros nunca llegan.  El envejece. El alcázar deviene ruina. La vigilia no ha tenido sentido. Hay quienes temen que en Gualeguaychú suceda losmismo. Que llegue ese momento que nadie termine sabiendo por qué cortado el puente".

            Sería lamentable que así sucediera. ¿Cómo es posible que la Argentina y Uruguay no puedan encontrar una salida al litigio?