lunes, 26 de abril de 2010 14:20
Abel Gilbert
Schaefer, la justicia divina y otras historias pedófilas de Chile
El ex cabo nazi Paul Schaefer fue enterrado este lunes en un cementerio privado de Santiago. Había fundado en 1961, y el sur chileno, más precisamente en la región del Maule, la Colonia Dignidad: vaya nombre para ese enclave de alemanes donde el uso de la tortura y el abuso sexual de niños se convirtió en costumbre. Hasta dónde pueden llegar las trampas del lenguaje, ¿no? Schaefer murió el sábado, a los 88 años. Murió en la cárcel, a causa de un problema cardíaco. Su cuerpo, hasta el momento de la sepultura, fue velado en la casa de sepelios Hogar de Cristo. Schaefer fue, a su modo, incógnito, bizarro, un hombre de la dictadura pinochetista. Por aquellos años, las informaciones de lo que sucedía en su feudo eran espeluznantes."Ni te atrevas a pasar por allí", escuché decir, en más de una oportunidad, a mis amigos chilenos. Cuando Pinochet abandonó el Palacio de la Moneda, se supieron muchas más cosas de lo que allí había ocurrido.
La Comisión Rettig comprobó en 1991 que en la Colonia Dignidad llegó a funcionar un centro clandestino de detención. El cerco sobre el perverso Schaefer se fue cerrando a medida que se iban deteriorando sus lazos con el poder oculto. En 1997 pasó a la clandestinidad. Fue capturado en la Argentina ocho años más tarde. En Chile lo condenaron por delitos contra varios menores que vivían en el enclave. El ex cabo estaba alojado en una cárcel de alta seguridad desde el 2006.
"La muerte de Paul Schaefer debe dar un impulso final para que exista justicia y reparación", dijo Hernán Fernández, el abogado que representa a varias de sus víctimas. Hablaba, claro,de los colaboradores del pedófilo que han eludido hasta el momento las condenas.
"La muerte de Paul Schaefer impide continuar la persecución penal, porque no hay persecución penal en este mundo contra los muertos. Sin embargo, todos sabemos que existe una justicia que nunca termina, que es la justicia divina", razonó,con extraordinario sentido de la metafísica, el presidente Sebastián Piñera.
Pero los problemas son de este mundo. Y la cultura del sometimiento a los menores que encontró en Schaefer a uno de sus ejecutores más crueles, ha sobrepasado el perímetro de la Colonia Dignidad que hoy se llama Villa Baviera (como si en el ejercicio de cambiar un nombre se borraría el pasado, con todas sus huellas). Piñera lo sabe, y por eso subrayó que el abuso sexual de niños y adolescentes es "un delito que no distingue la naturaleza de quien loscomete".
¿Hablaba solo de Schaefer?
Claro queno. Y aquí se produce una curiosa aunque no completamente extraña conexión temporal.
Mientras elex nazi recibía su extremaunción, Piñera recibía en La Moneda al Arzobispo de Santiago, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz y al presidente de laConferencia Episcopal, Monseñor Alejandro Goic. La reunión se realizó en medio de la nueva denuncia de abusos sexuales que involucra a un miembro de la Iglesia Católica. La fiscalía investiga porestas horas al sacerdote Fernando Karadima, quien estaba a la cabeza de la iglesia de El Bosque, en la muy coqueta y confesional comuna de Providencia.
Naturalmente,Karadima no es el único que está en el ojo de la tormenta. Se habla de 20 casos, como mínimo. Y eso es lo que llevó a Goic a pedir perdón en nombre de la Iglesia por los hechos que se conocen y los que, se presume, se conocerán muy pronto. "No hay pretexto alguno que pueda justificar este delito", dijo el prelado.
Errazuriz no sale muy bien parado que digamos de esta cuestión. El arzobispo tenía en sus manos los antecedentes de Karadima desde 2005. Las denuncias le llegaron por medio de "tres personas que aseguraban haber sido víctimasdel sacerdote". Errázuriz confesó sin embargo que "después de una primera investigación, y de encauzar las cosas de manera adecuada, dejé en suspenso la causa, esperando nuevos antecedentes, profundizando los ya obtenidos y haciendo nuevas consultas a peritos en materia jurídica canónica".
La Iglesia Católica chilena cumplió un loable papel en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura. La heroica Vicaria de la Solidaridad salvó muchas vidas. En la democracia, utilizó ese prestigio para imponer una agenda sumamente conservadora. Ahora, como en EE.UU, en Bélgica y en otras partes del mundo, debe enfrentarse a las denuncias más vergonzantes. Goic lo reconoció sonrojado: "Es doloroso, en la calle a sacerdotes les gritan pedófilos".