Hay, como dije en un post anterior, algo permanente en la Argentina: cierto sentido apocalíptico, una tendencia operística a la exageración que viene de lejos. En 1955, por citar un caso, los militares que derrocaron al general Juan Perón, alegaron en una de sus proclamas que venían a terminar conel "holocausto" y los "campos de concentración". La Segunda Guerra Mundial había concluido 10 años antes y del peronismo se podrían decir muchas cosas, no siempre buenas, pero, ¿holocausto? La disidencia era encarcelada, claro, pero ¿campos de concentración? ¿Stalag en Buenos Aires?¿Duchau en la Patagonia? Ese tono que amplifica desmesuradamente las observaciones es lo permanente, y muchas veces se convierte en el gran árbol que no deja ver el bosque de las grandes discusiones. La semana pasada, la cámara de Diputados reformó los artículos sobre el matrimonio del Código Civil para extenderle los derechos de los heterosexuales a personas del mismo sexo. El debate tuvo lugaren momentos que la justicia ordenaba el arresto de José Alfredo Martínez de Hoz,el cerebro económico de la última dictadura militar. La coincidencia de los dos episodios habla de algo más que una casualidad. Por encima de las turbulencias,de la inclinación a ver las cosas blanco o negro, en la Argentina, más allá, incluso, de la voluntad de los políticos, se están modificando algunos patrones culturales.  El debate en el Congreso ha dado cuenta de ellos y fue explicado de manera notable por el diputado radical Ricardo Gil Lavedra, uno de los jueces que, en 1985, condenó a prisión perpetua a los jerarcas de la Junta Militar que tomó el poder en 1976 y entronizó en el ministerio de Economía a Martínez de Hoz. Esto es lo que dijo Gil Lavedra sobre el matrimonio entre personas de un mismo sexo:

            "Es un tema que incide en lo cultural, en los prejuicios. Un tema difícil por la procedencia de los diputados y la edad promedio, que es alrededor de los 50 años. Esto supone que todos hemos crecido en un contexto cultural fuertemente discriminatorio y homofóbico, sobre todo los legisladores que provienen del interior. Todos tenemos prejuicios y en realidad lo bueno es que uno puede identificarlos..."

            Y agregó:

           "...cuandose aproximaba el debate y se hablaba en el bloque (radical) salió el tema de la adopción. Y entonces dije: ¿Por qué hace tanto ruido? Porque se piensa, muy en el fondo: ´¿Cómo les vamos a dar un chico a dos pervertidos? Lo van a hacer ***. Lo van a hacer un pervertido más´. Yo les preguntaba a otros, ¿si adoptan dos lesbianas tenés el mismo rechazo? ´Nooo, porque va a tener dos mamás.´ Qué cosa increíble. Lo importante es reconocer que uno tiene esos sentimientos instintivos que son culturales y luego poder razonar, darse cuenta de que es una barbaridad pensar esas cosas.

            La votación en el Congreso tuvo un instante conmovedor. Y llegó cuando le tocó al diputado socialista por la provincia de Buenos Aires, Ricardo Cuccovillo, fundamentar su decisión a favor de la reforma: "Tengo tres hijos: dos varones y una mujer. Uno de mis hijos varones es gay, un ser humano que yo considero que tiene igualdad de derechos y de sentimientos que el resto".

            El recinto enmudeció.

            Su hijo Marcos, de 32 años, fue uno de los que siguió el debate en la mismalegislatura.

            "No sabía qué iba a decir, aunque más o menos lo intuía porque es su realidad, es lo que vivimos todos como familia en lo cotidiano y él es un hombre de convicciones.Sentí un orgullo impresionante al oírlo y se me puso la piel de gallina."

            Marcos le contó luego al diario Perfil que su padre Ricardo fue la primera persona en enterarse de sus sentimientos. La conversación ocurrió 12 años atrás.

            "La verdad es que sentí un poco de culpa por no haber abierto los ojos antes,porque el ser humano siempre manda señales. Quizá Marcos se hubiese aliviado de llevar una carga muy pesada, de tener que tapar cosas y de esconderse si hubiéramos hablado antes", aún se lamenta el legislador.

            Le tocará al Senado ratificar el dictamen de Diputados o congelar la reforma. Allí se trasladará entonces la batalla cultural.