La ocurrido con Baltasar Garzón provoca amargura y perplejidaden esta parte del mundo. ¿Qué señales emite que aún no se captan completamente?Garzón, sí, el mismo que, en 1998, ordenó el arresto en Londresde Augusto Pinochet y cambió para siempre el mapa de la impunidad en Chile,Argentina y hasta Uruguay.

 

            Garzón, el que setomó en serio eso de la justicia universal. Cuando pidió la extradición de 140 represores argentinos, acusados de haber cometido crímenes horrendos,los presidentes Carlos Menem y Fernando De la Rúa le dijeron que no, pero la rueda había comenzado a andar. El caso Pinochet reavivó bríos nacionalistas en un sector de los chilenos. ¿Cómo osaba meterse? Recuerdo el día el augusto general llegó a Santiago. Estábamos allí.Lo vimos descender al compás de la canción alemana Lilly Marlene y, como Lázaro,salir de su silla de ruedas y caminar despreocupado. Pero el efecto Garzón había llegado a Chile, y nada sería lo mismo. El dictador tuvo que simular su senilidad hasta sus últimos días. Y se aceleraron los procesos contra decenas de represores.

 

           El periodista Horacio Verbitsky es el presidente del Centro de Estudios Legales ySociales (CELS), un organismo que fue clave en la lucha por la anulación de las leyes que protegían a los violadores de derechos humanos en la Argentina.

 

            Gloso partede su columna dominical sobre Garzón:

 

           "Quienes en España se oponían a la actividad de Garzón dijeron que ponía en peligro las relaciones con lo que allí se denomina Iberoamérica. Por elcontrario, desde Colón en adelante nunca la imagen española había sido mejor en América, graciasa Garzón. No se sentían en riesgo los pueblos sino los intereses empresariales españoles en la región, que temían represalias por parte de los gobernantes que garantizaban la impunidad. Es imposible exagerar la importancia del proceso queGarzón puso en marcha, como hecho político dinamizador de las democracias sudamericanas y como acontecimiento jurídico, en las huellas de Nuremberg pero no con el respaldo los tanques de un Ejército vencedor luego de una guerra mundial, sino apenas del derecho y de la ética. La actividad de Garzón y su favorable eco popular estimuló a los jueces argentinos a declarar nulas las leyes de impunidad y a los jueces chilenos a reinterpretar la ley de amnistía de modo de procesar a los desaparecedores. Por eso la decisión del Consejo español del Poder Judicial de suspender a Garzón y someterlo a juicio acusado de hacer en su país lo mismo que antes hizo por los nuestros resulta incomprensible. La idea de que prevaricó al desconocer una leyde amnistía es un disparate jurídico. También en Sudamérica las había y en todos lados chocaban con marcos normativos de jerarquía superior, como le recordó a Españael Tribunal Europeo y a la Argentina y Chile la Corte Interamericanade Derechos Humanos. Los mismos jueces que admitieron reabrir los procesos cuando se trataba de sudacas lo objetan si afecta a españoles. Transmiten así un mensaje despectivo, similar al que todo el mundo le reprochaba a George W.Bush cuando decía que la ley soy yo y el que se opone es porque no entiende.Para colmo esto ocurre al mismo tiempo que José Luis Rodríguez Zapatero practica laGran De la Rúa y decide ahorrar sobre la papilla de los bebés y el salario de los empleados públicos. Ahora sí que las relaciones de España con nuestrospaíses entran en zona de turbulencia, justo en vísperas de la cumbre de Madrid entre jefes de Estado de América Latina y el Caribe y de la Unión Europeay en la quincena en que comienzan a celebrarse los bicentenarios de la independencia".

 

            El mundo sin Garzón en actividad no será el mismo.