sábado, 12 de junio de 2010 18:05
Abel Gilbert
Crónicas mundialistas (II): Argentina 1 Nigeria 0
Llueve en Buenos Aires. Llueve en este casi invierno y el frío de este sábado cala los huesos y de no ser por el agua, el frío y el casi invierno, la ciudad abandonaría su aspecto triste y melancólico y su gente, encerrada delante de una pantalla plasma, saldría a festejar la buena nueva.Argentina comenzó el Mundial con una victoria. Tuvo que sufrir, claro, pero qué importa. La cuestión, aquí y a hora, es ganar. Ganar con Diego Maradona vestidode traje y Leo Messi perforando defensas en la cancha. La Argentina se paralizó esta mañana.Y volverá a hacerlo cada vez que juegue la selección. La venta de camisetas celeste y blanco ha trepado a los cielos. Las "originales" cuestan casi 100 dólares. Mejor comprar las falsificadas. Total, la alegría es lamisma. Hace 28 años, en vísperas de otro Mundial, el de España, las tropas argentinas se estaban rindiendo ante el poderío británico en las IslasMalvinas. La rendición del 14 de junio, por lo general recordada como herida abierta permanente, pasa por estas horas inadvertida. La guerra (de los símbolos) se juega ahora en Sudáfrica. La identificación del fútbol con la patria se agigantará a medida que el equipo avance en el campeonato.Todos se sienten con el derecho a hablar el mismo lenguaje de la pasión: los políticos, la farándula, los intelectuales, el pequeño mundo rufianesco de las hinchadas (algunos de sus cabecillas volvieron deportados desde Sudáfrica por impresentables), la farándula, los economistas, que hablan del "efecto positivo" del Mundial en el consumo, y hasta la presidenta Cristina Fernándezde Kirchner que, tras visitar un laboratorio donde se trabaja en la clonaciónde cabras, expresó su deseo de clonar a Messi y a Maradona, eternizarlos no solo en la memoria y la emoción sino en cuerpos sin tiempo. Los sueños de campeón tienen la fuerza de una bomba de hidrógeno