Uno debería hablar solamente de Carlitos Tevez, y como ese gol legítimo (el segundo, claro) sirve como subrayado de su propia biografía. Tevez, nacido en la adversidad periférica, lleva su marca en el cuerpo: el cuello quemado durante la infancia,la precocidad de la desventura. Tevez se crío en Fuerte Apache, en la "frontera"que separa a la capital argentina de los suburbios del oeste. Creció entre balaceras y dealers, con la cumbia como trasfondo sonoro. Tevez se ha forjado en ese ecosistema de la adversidad. Y uno no deja de sentir en la cancha la prepotencia de trabajo con la que pudo salir a flote. Por eso, por el golazo, de puro coraje, es que las multitudes que salieron a las calles a festejar la victoria argentina ante México corearon especialmente su nombre.

            Lo que puede el fútbol. Hasta detener la cumbre del G-20. Poco antes de que Alemania liquidara a Inglaterra, el partido que obligó a un paréntesis en la reunión de Canadá, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se trenzó en una polémica con Nicolas Sarkozy. El francés le había reprochado una supuesta falta de conocimiento acerca de la situación que enfrenta la zona euro.

            Cristina K. le respondió de manera maradoniana: si alguien conoce de presiones es la Argentina, "que puede dar cátedra de lo que es sufrir hostigamiento financiero y embargo". Y, agregó: "si alguien entiende de la crisisdel euro soy yo, que en el Banco Central tengo reservas en euros, mientras quelos franceses no tienen un solo peso argentino en reservas" (no deja dellamar la atención la primera persona del singular: "yo" tengo reservas en euros).

            Hablando de conjuras, la Argentina, que alegó sufrirlas en otros mundiales de fútbol (1966,ante Inglaterra, en 1990 ante Alemania y cuatro años más tarde, con la suspensión de Diego Maradona en EE.UU), por ingerir efedrina, por estas horas goza de los beneficios de los ¿errores? ajenos. La posición adelantada de Tevez en el primer gol frente a México ni siquiera es discutida por la prensa local. Es, para muchos,un equivalente a "la mano de Dios" en 1986 y, por lo tanto, una ugurio auspicioso de cómo concluiría esta historia en Sudáfrica.

            Frente a México,Messi volvió a estar solito. Otra vez jugó retrasado, peleando contra el mundo,exponiéndose a la furia del rival. La prensa local hace esta vez sus reparos con una timidez franciscana. Se acabó la virulencia de las eliminatorias. ¿Quién se atreve por estas horas de frenesí a cuestionar a Maradona? ¿Sarkozy acaso?

            El único que tuvo el coraje de expresar su descontento con el Gran Conductor fue,precisamente, Tevez, molestó por haber sido reemplazado en el segundo tiempo.