sábado, 03 de julio de 2010 17:11
Abel Gilbert
Crónicas Mundialistas
La escena es la siguiente: en la viñeta del diario Pagina 12 se ha dibujado a un obispo y un laico. Hablan delMundial, claro. En las vísperas del choque que todo un país palpita.
-El partido de hoy es difícil para la Iglesia- dice el prelado.
-¿Por qué? -quiere saber su interlocutor.
-Y...el Papaes alemán, pero Dios argentino- le explican.
De tanto repetir el chiste, contado aquí de muchas formas -entre ellas la publicidad de una marca de cerveza- muchos, muchísimos, terminaron creyendo eso de que la Providencia acompañaba a la selección argentina. Lo único que quedaba esperarera el trofeo. Maradona aferrado a su imagen de la virgencita, con sus apelaciones a los milagros de Martín Palermo, su plétora de amuletos de la buena suerte, su carisma, indudable, terminaron, junto con la prédica mediática, por configurar en esta parte del planeta ese entretejido irracional. En un post anterior hable del país del pensamiento mágico.El resultado no cambia mi mirada de las cosas. Solo las subraya.
Hay, por estas calles, una tristeza lacerante. La gente ya no se reconoce en el otro. La complicidad averguenza: nadie quiere compartir la derrota. Todos esperaban fiesta y llegó, de manera ¿inesperada?, el velorio. Alemania vapuleó a una Argentina que había desnudado sus flaquezas defensivas a lo largo de todo el certamen. Cada vez que la atacaban, el talón de Aquiles se hacia visible. Solo faltaba enfrentar a un rival letal para constatarlo de manera descarnada.
Sí.
El sueño ha terminado.
Un país despierta.
Se hadisuelto la efímera confluencia de magnates, faranduleros, modelos, exjugadores, políticos conjurados, empresarios de la publicidad, vendedores deplasma, agitadores, apologistas del "ser nacional", arrepentidos de haber criticado a Dios y ex arrepentidos de haberse arrepentido.
De a poco,la Argentina volverá a ser la que es.
Una enorme suma de individualidades sin ecosistema.