lunes, 13 de diciembre de 2010 13:46
Abel Gilbert
Brasil, entre el cielo y la tierra arrasada
La era Lula concluye en 17 días. En esos ocho años, Brasil le ha dado otro sustento a sus sueños de ser un actor relevante en el mundo. Ha encontrado los fundamentos de estas aspiraciones de liderazgo en las profundidades de la tierra y más allá de las nubes. Los años de Lula serán recordados, entre otras cosas, por el descubrimiento de enormes y remotos yacimientos de hidrocarburos cerca de su costa y por los primeros pasos dados en la carrera aeroespacial.
Brasil es un país de situaciones extremas. Pocos días después de que el Ejército y las fuerzas de seguridad "reconquistaran" las favelas de la zona norte de Río de Janeiro, en poder de los narcos, el Gobierno informó sobre el exitoso lanzamiento del "foguete" (cohete) VSB- 30. El artefacto de 12,6 metros de longitud alcanzó 241,9 kilómetros de altura.
El VSB-30 fue lanzado en la base de Alcántara, en el nordestino Estado de Maranhao. La distancia entre el carioca Complexo de Alemao, escena de batallas entre grupos de elite de la Policía Militar y el ejército privado de los narcos, y la sofisticada plataforma de Alcántara no se mide solo en kilómetros. Habla de esos dos países en uno que conviven en Brasil (entre el cielo y la tierra arrasda). El atraso y la barbarie y los deseos de conquistar el futuro. Dos extremos, en cierto sentido, unidos por los mismos colores, verde y amarillo.
Cuando las fuerzas de seguridad lograron finalmente tomar las "favelas" que estaban en los hechos al margen de la órbita estatal, lo primero que hicieron, aunque parezca sorprendente, es plantar la bandera de Brasil en una de las chabolas de esas colinas hasta entonces inexpugnables. La enseña flameó con todo su poder simbólico. Allí volvía a imponerse la soberanía del Estado. La misma bandera fue estampada en el cohete VSB-30 que el sábado cumplió su objetivo esencial. La carga que llevaba descendió sobre el mar a 145 kilómetros de la costa brasileña y fue recuperada por la Fuerza Aérea.
La Operación Maracati 2 abre ahora las puertas para que Brasil lance su propios satélites al espacio y se adhiera a la lista de países de alto desarrollo tecnológico en esa órbita.
Siete años atrás, en la misma Alcántara, no hubo razones para festejar. El lanzamiento fue un desastre y fallecieron 21 personas, entre técnicos, ingenieros y cientìficos.
El VSB-30 da cuenta también de qué tipo de alianzas establece Brasil en el mundo que se asoma. El cohete cuenta con tecnología de uno de los socios brasileños en el BRIC: Rusia.