martes, 22 de julio de 2008 11:24
Eliseo Oliveras
Bélgica celebra su fiesta nacional en la incertidumbre subre su futuro
Bajo un cielo de plomo y una lluvia intermitente, Bélgica celebró ayer su fiesta nacional atenazada por las incertidumbres sobre su futuro. Miles de personas se concentraron a lo largo del recorrido del desfile militar en el centro de Bruselas con numerosas banderas nacionales para expresar su apego al mantenimiento de la unidad del país, en medio del creciente enfrentamiento entre flamencos y francófonos sobre el modelo de Estado.
"Vamos a ver el desfile militar, porque quizá sea el último de la Bélgica unida", comentó a este diario el matrimonio Dart, una pareja mayor francófona, expresando el temor de muchos ciudadanos.
"Es una situación sin esperanza y sólo hay una solución: disolver la federación belga", señaló en un comunicado el partido independentista flamenco de extrema derecha Vlaams Belang, segunda fuerza política de Flandes y tercera de Bélgica por número de votos, alimentando los temores de la población francófona.
Los dirigentes de los partidos de la mayoría gubernamental se abstuvieron de comentar el mensaje real de la víspera sobre la situación del país. Alberto II, en ese mensaje, instó a los belgas "inventar nuevas formas de vivir juntos", en un aparente respaldo a la reforma confederal del Estado exigida por los flamencos. El monarca se reunirá hoy con los tres mediadores que deben preparar el camino para esa reforma antes de fin de mes. Los diez días de plazo paracen muy pocos para desbloquear una cuestión que lleva 13 meses bloqueada.
El primer ministro, el democristiano flamenco Yves Leterme, rehuyó a la prensa para evitar nuevos gestos conflictivos, como cuando el año pasado desató las críticas francófonas al confundir ante las cámaras de la televisión el himno nacional con La Marsallesa francesa, aparentemente de forma intencionada.
Entre la oposición, el alcalde de Amberes, el socialista flamenco Patrick Janssens, destacó que las dos mitades del país están impulsadas desde hace tiempo por "ambiciones divergentes" y que todas las competencias estatales deben acabar en manos de las regiones salvo Defensa, Interior, Asuntos Exteriores, Justicia y Finanzas.
En la prensa francófona domina un sentimiento de pesimismo sobre el futuro del país. El editorialista del diario Le Soir Luc Delfosse señala que la Bélgica a la que se refirió el rey en su mensaje "es un país que ya no existe" y que unas nuevas elecciones son ineludibles.
La revista francófona Le Vif, por su parte, ha hecho un llamamiento en su último editiorial a los francófonos de Bruselas y Valonia para que preparen el futuro y piensen en "lo que es bueno" para ellos. La revista avisa que "nada será ya como antes", que "Bélgica está muerta" y que ha llegado la hora de las regiones bajo la presión de Flandes. Bruselas y Valonia, recomienda Le Vif, deben unir sus fuerzas para "un duelo desigual" que se avecina entre los 6 millones de flamencos y los 4 millones de francófonos.