lunes, 20 de octubre de 2008 19:30
Eliseo Oliveras
EEUU quiere limitar el alcance de la reforma financiera mundial
Estados Unidos, el principal responsable de la actual crisis financiera mundial, está intentando limitar el alcance de la reforma del sistema financiero mundial que impulsa la Unión Europea (UE) para evitar que pueda volver a repetirse una crisis semejante. El presidente norteamericano, George Bush, aceptó a regañadientes el pasado fin de semana la celebración de una cumbre de las ocho principales potencias mundiales y de las nuevas economías emergentes que el presidente francés y presidente semestral de la UE, Nicolas Sarkozy, promueve desde principios de septiembre.
Bush aspira a centrar la cumbre sobre todo en la "revisión de los progresos realizados para afrontar la actual crisis". Frente a la propuesta de la UE de abordar una refundación del sistema financiero mundial, la Administración norteamericana limitó como un objetivo secundario de la futura cumbre "la busca de acuerdo sobre los principios de reforma requeridos para evitar una repetición de la crisis y asegurar la prosperidad global en el futuro".
La Casa Blanca no oculta su reticencia hacia el plan europeo de introducir una mayor regulación y supervisión del mercado financiero a nivel internacional. El propio Bush insistió en que cualquier revisión del sistema financiero internacional "debe preservar los fundamentos del capitalismo democrático: el compromiso a favor del libre mercado, la libre empresa y el libre mercado".
EEUU está especialmente preocupado por los planes europeos de imponer una supervisión internacional a las grandes entidades financieras y de dotar al Fondo Monetario Internacional (FMI) de amplios poderes en la regulación y supervisión financiera internacional.
Curiosamente, el inicio de la investigación por presunto abuso de poder del actual director del FMI, el socialista francés Dominique Strauss-Kahn, coincide con el anuncio de la UE de promover esa reforma profunda del sistema financiero y el reforzamiento del FMI.
La Administración Bush se opone a los planes de Sarkozy de someter a control y supervisión los fondos especulativos (hedge funds) y las agencias de valoración de activos (rating). Bush también es contrario a la pretensión europea de poner coto a los escandalosos sueldos de los ejecutivos bancarios y de suprimir las primas e incentivos que les conducen a asumir riesgos desmedidos.
La Casa Blanca reconoció tras la reunión de Bush y Sarkozy que EEUU rechaza la posibilidad de que las entidades financieras norteamericanas puedan estar sometidas a algún tipo de supervisión exterior, como pretende la UE para evitar que vuelvan a repetirse los mismos errores que han causado el actual desastre financiero mundial.
Europa quiere convocar un nuevo Bretton Woods, la conferencia que diseñó en julio de 1944 el sistema financiero internacional que ha regido después de la segunda guerra mundial. EEUU, por el contrario, pretende limitar el alcance de la cumbre a los mínimos retoques del sistema financiero que imponga la presión de la actual crisis. Un nuevo Bretton Woods pondría en cuestión su hegemonía mundial y el papel soberano del dólar. Y eso es algo que la Administración Bush no está dispuesta a permitir.
La Administración Bush se ha visto obligada a imitar el plan de acción europeo para restablecer el funcionamiento del mercado interbancario y devolver la confianza al sector financiero después de que el plan inicial del secretario del Tesoro, Henry Paulson, no obtuviera credibilidad suficiente, porque se limitaba a la compra de las inversiones tóxicas, sin incluir una nacionalización parcial de los bancos en dificultades.
Bush, imbuido de una fe ciega en la capacidad de autorregulación de los mercados y hostil a cualquier medida que pudiera coartar la sacrosanta libertad empresarial, lleva años rechazando en las cumbres del Grupo de los Ocho las insistentes demandas de la cancillera alemana, Angela Merkel, para reforzar la regulación y supervisión de los operadores y los mercados financieros.
Gran Bretaña se había alineado hasta ahora con EEUU frente a las posiciones de Alemania y Francia, pero el desplome de las principales entidades financieras británicas ha hecho cambiar de criterio al primer ministro, Gordon Brown, que ahora aspira a convertirse en un adalid de la reforma.
A pesar de que la actual crisis ha demostrado la falsedad de los planteamientos neoconservadores y neoliberales, como han resaltado premios Nobel de Economía como Paul Krugman y Joseph Stiglitz, la UE no contará con el apoyo de la Administración Bush para la profunda reforma que necesita el sistema financiero. Pero quizá Sarkozy consiga esta semana en Pekín el respaldo de China, India y los países asiáticos.