Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal norteamericanaMientras la crisis financiera ha comenzado ha transformarse ya en una clara recesión en algunas de las grandes potencias mundiales, los venerados 'gurús' del neoliberalismo, que impusieron durante dos décadas sus dogmas al mundo entero, han comenzado a entonar un "mea culpa". Pero discreto, muy discreto, discretísimo.

Alan Greenspan, que durante 18 años dirigió la Reserva Federal norteamericana e impidió con vehemencia cualquier regulación que hubiera mitigado la gravedad de la crisis actual, reconoció ayer ante el Congreso norteamericano que se equivocó "parcialmente". Greenspan, apodado "El Oráculo" y venerado como el sumo sacerdote de la religión económica dominante durante las dos últimas décadas, sostuvo en el 2004 cuando la burbuja inmobiliaria comenzaba a tambalearse que "no sólo las entidades financieras individuales se han convertido en menos vulnerables a los choques de factores de riesgo subyacentes, sino que también el sistema financiero en su conjunto se ha convertido en mucho más resistente".

Los hechos han demostrado que las tesis y los planteamientos de Greenspan sobre las bondades de la autorregulación del mercado y el efecto negativo que tendría una minima regulación no eran fruto de una teoría científica elaborada, sino meras creencias dogmáticas inconsistentes que sólo llegan a funcionar con un mercando en continua e imposible expansión exponencial.

Desde su incontestada posición, Greenspan impidió en reiteradas ocasiones las diferentes tentativas de los legisladores norteamericanos de regular los productos financieros derivados, que se encuentran en el centro de la actual crisis financiera y que registraron un crecimiento exponencial hasta alcanzar la explosiva cifra de unos 5 billones de euros antes de la crisis.

A pesar de que numerosos economistas y financieros, como George Soros, Felix Rohatyn y Warren Buffet, han calificado esos productos financieros derviados de "armas de destrucción masiva", Greenspan ha defendido esos activos financieros "como un instrumento extraordinariamente útil para transferir el riesgo de aquellos que no deberían asumirlo a aquellos que están dispuestos y son capaces de hacerlo".

Utilizando el lenguaje secreto y los complejos conceptos de los economistas para confundir y manipular a los legisladores norteamericanos, Greenspan pontificó a sus anchas sin que ningún congresita o senador se atreviera nunca a cuestionar razonamientos o conceptos que no habían entendido, como reconocen quienes siguieron esas comparecencias regulares.

Greenspan además respaldó la supresión en el 2004 por parte de la Securities and Exchange Commissión (regulador bursátil norteamericano) de los límites de endeudamiento existentes para los bancos de inversión, lo que permitió a las entidades multiplicar sus deudas y riesgos sin tener los requisitos mínimos de capital para responder de ellos.

Uno de los que promovió la supresión de esos límites --que ha conducido a que la crisis haya adquirido proporciones dantescas--  fue precisamente el actual secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, que entonces presidía el banco de inversión Goldman Sachs y quería librarse de las cortapisas que frenaban sus operaciones especulativas. El mismo Paulson que cuatro años después dejó quebrar a su antiguo rival Lehman Brothers y transformó una grave crisis financiera en una pesadilla mundial.

Greenspan se escuda ahora en que la actual crisis es de aquellas "que sólo se producen una vez en cada siglo" y en que la avaricia de los ejecutivos financieros y de las entidades hizo que no protegieran los intereses de sus accionistas. "Aún no puedo entender cómo pasó", confesó ayer ante el Congreso norteamericano.