José Luis Rodriguez ZapateroEl presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha lanzado a una ofensiva diplomática sin precedentes para poder participar en la cumbre mundial del 14 y 15 de noviembre en Washington. La cumbre debería servir para abrir un proceso de reforma en profundidad del sistema financiero mundial, según los planes de su principal promotor, el presidente francés y presidente semestral de la Unión Europea (UE), Nicolas Sarkozy.

A la cumbre han sido invitados sólo los líderes de los países miembros del denominado Grupo de los 20, por decisión expresa del anfitrión de la reunión, el presidente norteamericano saliente, George Bush, uno de los estadistas mundiales más nefastos de las últimas décadas y uno de los principales responsables del desaguisado financiero actual.

El Grupo de los 20 es un foro informal establecido en diciembre 1999 por los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales de las principales ocho grandes potencias mundiales, de los 11 nuevos países emergentes y de la presidencia de turno de la UE para discutir las cuestiones clave de la economía de un mundo globalizado.

Los miembros de este grupo son: EEUU, la UE, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá, Rusia, China, Australia, Argentina, Brasil, India, Indonesia, México, Arabia Saudí, Sudáfrica, Corea del Sur y Turquía. España, a pesar del vertiginoso desarrollo económico y social de las últimas décadas no forma parte del mismo.

El presidente del Gobierno tiene razón al insistir en que España debería participar en esa cumbre mundial, máxime si la UE consigue su objetivo, pese a la oposición de Bush, y la reunión de Washington constituye el inicio de un proceso de reforma en profundidad del sistema financiero internacional.

España no puede quedar al margen de un proceso de esa trascendencia y que puede definir las normas que regirán el sistema financiero mundial en el siglo XXI, como la conferencia de Bretton Woods en julio de 1944 fijó los principios que han regido el sistema financiero después de la segunda guerra mundial. Sin embargo, quizá habría sido más eficaz una gestión diplomática mucho más discreta y menos pública por parte del Gobierno español para lograr la participación de Rodríguez Zapatero en la reunión.

Pero al margen de que el Gobierno logre o no su objetivo de participar en la reunión de Washington, Rodríguez Zapatero debería hacer público cuáles son sus ideas para la reforma del sistema financiero mundial y cuáles son las grandes aportaciones que España quiere realizar a ese debate.

Rodríguez Zapatero no tiene que esperar a la reunión de Washington, ni a la cumbre previa de la UE del 7 de noviembre, para exponer sus ideas. Por el contrario, en lugar de contentarse con los breves minutos de que dispone cada jefe de Estado y de Gobierno para hablar a puerta cerrada en esas reuniones internacionales, Rodríguez Zapatero debería exponer con anticipación de forma pública, pausada y detallada sus ideas sobre el tema.

Una situación ideal sería una exposición pública, ante un foro empresarial relevante en Madrid o Barcelona, antes de la cumbre europea del 7 de noviembre. De este modo, Rodríguez Zapatero demostraría que dispone de un esquema de ideas bien estructurado sobre lo que debe realizarse a nivel internacional para que el mundo no vuelva a colocarse al borde del abismo como ha ocurrido en la actualidad y no sólo pretende estar en Washington para aparecer en una foto.

En esta exposición de sus proposiciones, Rodríguez Zapatero debería explicar en detalle cómo cree que debería abordarse la nueva regulación financiera, los mecanismos de supervisión internacional y los sistemas de control aplicables a los distintos operadores, entidades y activos financieros, incluyendo los fondos especulativos (hedge funds), los fondos soberanos, las agencias de valoración (rating) y los productos derivados, que se encuentran en el centro de la actual crisis.

Rodríguez Zapatero también debería precisar cuáles son las reformas que habría que introducir en el Fondo Monetario Internacional (FMI), tanto en su organización, toma de decisiones y funcionamiento interno como en su papel futuro y su imprescindible ampliación de capital.

Con una exposición elaborada y detallada sobre estas cuestiones esenciales, Rodríguez Zapatero podría hacer irresistibles los argumentos a favor de una participación de España en la cumbre de Washington. Y, si finalmente no lograra asistir, como mínimo habría realizado una aportación pública ineludible al decisivo debate que va a abrirse.