martes, 04 de noviembre de 2008 19:51
Eliseo Oliveras
Praga torpedea a la Unión Europea
La República Checa, que asumirá la presidencia semestral de la Unión Europea (EU) el próximo 1 de enero, acaba de anunciar que el país no ratificará el Tratado de Lisboa hasta el año próximo, lo que constituye un calculado y premeditado sabotaje a la reforma institucional y al proceso de integración europea por parte de los dirigentes políticos checos.
El país está presidido por el euroescéptico y conservador Vaclav Klaus, un estrecho aliado del saliente presidente norteamericano, George Bush, que incluso ha prohibido que la bandera azul europea ondee en las dependencias presidenciales checas. Klaus no pierde ocasión de vituperar públicamente el proyecto de integración europea y es un furibundo detractor del Tratado de Lisboa, como lo fue anteriormente del malogrado proyecto de Constitución europea, pero no ve ningún obstáculo en que su país se beneficie de las multimillonarias ayudas de la UE.
El primer ministro checo, el conservador Mirek Topolanek, anunció hoy que la votación parlamentaria para ratificar el Tratado de Lisboa no tendrá lugar este año, como estaba previsto, sino que no se producirá hasta el primer trimestre del 2009.
Esto conducirá a la anómala situación de que la República Checa presidirá la UE sin haber ratificado el tratado europeo, con lo que carecerá de cualquier autoridad moral para negociar y presionar a Irlanda para que ratifique la urgente reforma institucional que necesita Europa, en especial en estos momentos de gravísima crisis financiera y económica.
El Tratado de Lisboa tenía que haber entrado en vigor el próximo 1 de enero, pero el rechazo en junio en el referéndum irlandés gracias a una variopinta coalición extraparlamentaria de oscura financiación dejó en suspenso la reforma institucional de la UE. El tratado ha sido ya ratificado por 24 de los 27 estados de la UE. Sólo faltan Suecia, la República Checa e Irlanda.
El retraso en la ratificación del tratado ha sido provocado expresamente por el presidente Klaus, que está demorando con cualquier excusa su preceptiva comparecencia ante el Tribunal Constitucional, que tramita la verificación de que el texto sea compatible con la Carta Magna checa. Mientras esté trámite no esté concluido, el proceso de ratificación no podrá continuar en el parlamento checo. Klaus ha pospuesto recientemente su comparecencia ante el tribunal alegando motivos de agenda y visitas oficiales a Irlanda y Arabia Saudí.
El trámite ante el Constitucional y la oposición de Klaus no son los únicos obstáculos que acechan al Tratado de Lisboa en la República Checa. Los diputados del conservador y gubernamental Partido Democrático Cívico (ODS) de Klaus y Topolanek quieren condicionar la ratificación del Tratado de Lisboa a que el Parlamento checo ratifique también la instalación en el país del controvertido radar del escudo antimisiles norteamericano.
La mayoría de la población es contraria a esa instalación militar norteamericana y la oposición de izquierdas, que defiende la ratificación del Tratado de Lisboa, rechaza avalar el radar norteamericano en el Parlamento. Por ello, el partido gubernamental, que sufrió un duro revés en las recientes elecciones regionales y al Senado, quiere hacer coincidir ambas votaciones en la Cámara.
"Para el ODS la cuestión geopolítica de instalar el radar en nuestro país es tan importante que si no sale adelante el partido me desobedecerá en la votación del Tratado de Lisboa", declaró Topolanek en una entrevista en la revista Respekt. El chantaje está servido.
Éste es el país y estos son los dirigentes políticos que presidirán la UE a partir de enero. En medio de la actual crisis financiera y económica, los 500 millones de ciudadanos europeos se merecen otro tipo de presidencia semestral.
Basta recordar que los dirigentes checos se opusieron hasta el último momento en la cumbre europea del pasado 14 y 15 de octubre al plan de salvamento del sector financiero de la UE, propuesto por la actual presidencia francesa con el respaldo de los líderes de los países de la zona euro y que ha permitido salvar de la quiebra a los bancos europeos en dificultades, ha mantenido en funcionamiento el sistema y ha evitado el temido pánico financiero.
Asusta pensar que habría pasado si en el segundo semestre de este año la presidencia de la UE hubiera correspondido a la República Checa en lugar de a Francia.