Neelie Kroes, comisaria europea de CompetenciaEl liberalismo intrínseco de la actual Comisión Europea y su aversión a la intervención pública en la economía están obstaculizando la superación de la actual crisis financiera con sus excesivas exigencias y prolongados retrasos en la aprobación de las medidas nacionales de saneamiento del sector financiero.

Los planteamientos restrictivos del Ejecutivo comunitario con su ciega obsesión en el dogma sacrosanto de la competencia están retrasando la recuperación de la confianza dentro del sector financiero, están frenando la reactivación del crédito y contribuyen a agudizar la recesión económica, con sus secuelas diarias de miles de despidos, suspensiones de pagos empresariales y parálisis de la actividad económica.

Tras años de oponerse a una regulación más estricta del sector financiero, los responsables de la Comisión Europea no se dan cuenta que el daño económico y social causado con su restrictiva actitud respecto a las medidas nacionales de apoyo al sector financiero es muchísimo mayor que las distorsiones en la competencia que pueden causar esas ayudas públicas.

Bajo presión de numerosos estados de la Unión Europea (UE), la comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, tuvo que aceptar hoy en el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas suavizar sus exigencias para aprobar las medidas de recapitalización de las entidades financieras. Pero el daño ya está causado.

España, por ejemplo, necesitó más de un mes para que la Comisión Europea aprobara su plan de compra de activos a los bancos, lo que agravó la situación de restricción crediticia que padece el país. "El retraso en la aprobación de las medidas crea incertidumbre, mantiene la percepción de riesgo y frena la concesión de créditos", reconoció el vicepresidente económico español, Pedro Solbes.

Francia, Holanda, Suecia, Alemania y otros países siguen esperando aún desde hace semanas la autorización del Ejecutivo comunitario para aplicar las medidas para reforzar el sector financiero y reactivar los préstamos a empresas y particulares.  

Kroes prometió que antes de Navidad la Comisión Europea aprobará unas nuevas directrices sobre la recapitalización de los bancos y las ayudas a entidades que estén fundamentalmente sanas. Kroes, por ejemplo, exigía hasta ahora la supresión de los dividendos para cualquier entidad que recibiera apoyo, aunque no estuviera en crisis. Esto ha frenado las ayudas para reforzar el capital de los bancos, medida indispensable para incrementar su capacidad de concesión de créditos en la actual coyuntura de crisis generalizada.

La ministra francesa de Finanzas, Christine Legarde, en nombre de la presidencia de la UE expresó hoy su alivio porque al fin Kroes "ha cambiado radicalmente su enfoque del problema". La Comisión Europea "ha aceptado tener en cuenta la urgencia y la necesidad de priorizar los imperativos de la financiación de la economía sobre las reglas absolutas de la legislación de competencia".

El ministro alemán de Finanzas, Peer Steinbrück, criticó antes de la reunión que la Comisión Europea se empecinara en adoptar una actitud "tan burocrática ante una crisis financiera de la gravedad de la actual". "La UE necesita una aprobación rápida y segura de las medidas nacionales", insistió Steinbrück. El ministro sueco de Finanzas, Anders Borg, también denunció la mentalidad burócrata de los responsables del Ejecutivo comunitario que con sus injustificados retrasos y objeciones a las medidas nacionales están cometiendo "un grave error político". "Necesitamos una actitud mucho más constructiva de la Comisión Europea", añadió Borg.

Francia, al presidir la UE, se ha visto forzada a moderar sus críticas públicas a la Comisión Europea, pero a duras penas puede ocultar la exasperación por el retraso de Kroes y el resto del Ejecutivo comunitario en aprobar la inyección de 10.500 millones de euros en el capital de las seis principales entidades financieras del país para reactivar la concesión de créditos.

Cuando la crisis financiera adquirió proporciones dantescas, Kroes prometió aprobar con flexibilidad y celeridad los planes nacionales de apoyo al sector financiero. Pero no lo ha hecho. Habrá que esperar para ver como cumple sus nuevas promesas o si su animadversión a la intervención pública en la economía sigue perjudicando a Europa.