jueves, 05 de febrero de 2009 20:53
Eliseo Oliveras
La presidencia checa de la UE juega con el Tratado de Lisboa
El Parlamento checo aplazó de nuevo el pasado 4 de febrero el debate sobre la ratificación del Tratado de Lisboa, una reforma institucional esencial para reforzar la capacidad de la Unión Europea (UE) de hacer frente tanto a la crisis económica como a las amenazas para su seguridad y a los nuevos retos del siglo XXI, además de reforzar la protección y los derechos de los ciudadanos europeos.
El nuevo aplazamiento fue impulsado por el primer ministro y presidente semestral de la UE, el conservador y euroescéptico Mirek Topolanek, para dar tiempo a las comisiones parlamentarias de preparar unas enmiendas que impidan en el futuro negociar nuevas cesiones de soberanía nacional a la UE sin la previa autorización del Parlamento.
La presidencia checa de la UE, en lugar de predicar con el ejemplo, ha mostrado hasta ahora un escaso interés en lograr la ratificación del nuevo tratado y ha reiterado que la ratificación del mismo no figura entre las prioridades de su mandato.
Esta actitud puede echar por tierra los esfuerzos de la anterior presidencia francesa y de la mayoría de los demás estados miembros para lograr que Irlanda vuelva a convocar un segundo referéndum para ratificar el tratado antes de finalizar octubre.
El Tratado de Lisboa ha sido ratificado ya por 24 de los 27 estados de la UE. El parlamento polaco también lo ha ratificado, pero el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, se resiste a firmar esa ratificación, pese a haber negociado y suscrito personalmente ese texto.
El euroescepticismo de la presidencia checa, sumado a desidia del Gobierno irlandés y al antieuropeísmo militante del presidente polaco, puede condenar a la UE a mantener unas instituciones débiles y poco operativas en un momento en que se necesita más que nunca un liderazgo político claro europeo para afrontar los graves problemas mundiales que amenazan el bienestar de los ciudadanos europeos.
El Gobierno checo, en sintonía con el antieuropeísta presidente de la república, Vaclav Klaus, ya aplazó por primera vez el pasado otoño el debate parlamentario sobre el Tratado de la UE, generando una enorme preocupación entre la mayoría de los socios comunitarios.
Aunque la opinión pública checa es favorable en un 64% a la ratificación del Tratado de Lisboa, según el último sondeo del instituto STEM, el partido liberal conservador Democracia Cívica (ODS) de Topolanek y Klaus es muy hostil al tratado, que consideran una amenaza para la soberanía nacional checa.
El debate sobre el Tratado de Lisboa debería iniciarse, si no se producen nuevos aplazamientos, el próximo 17 de febrero. Pero no está nada claro que logre la mayoría cualificada necesaria, ante la oposición al mismo de una parte importante de los diputados del ODS. Los otros dos partidos de la coalición gubernamental -verdes y democristianos- son favorables a la ratificación del tratado.
El partido del primer ministro había condicionado la aprobación del tratado a la ratificación previa del acuerdo con Estados Unidos para la instalación en el territorio del radar del escudo antimisiles norteamericano. El aplazamiento de esa votación para esperar a conocer los planes del nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, sobre ese polémico proyecto militar puede comprometer la propia ratificación del tratado.
Si la ratificación del tratado en la Cámara Baja es problemática, la europeísta oposición socialdemócrata teme que el proceso quede bloqueado en el Senado por el ODS hasta que no se ratifique el acuerdo sobre el radar.
Mientras tanto, la recesión se agrava, las instituciones europeas carecen de liderazgo político, la necesaria reforma del sistema financiero mundial está paralizada y la UE no desempeña el papel que debería en la escena internacional.