lunes, 09 de febrero de 2009 18:35
Eliseo Oliveras
Carrera por el protagonismo en la UE, pero sin ideas frente a la crisis
El afán de protagonismo, más que las ideas, está dominando la actividad de la presidencia de la Unión Europea (UE) y de la Comisión Europea ante el continuo agravamiento de la recesión.
Como respuesta a las crecientes críticas de Francia por la pasividad mostrada por la presidencia semestral checa de la UE ante el empeoramiento de la situación económica, el primer ministro checo, Mirek Topolanek, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, anunciaron hoy que están preparado una cumbre especial para finales de febrero.
La convocatoria de esta reunión, unas dos semanas antes del ya previsto Consejo Europeo de primavera (19 y 20 de marzo), parece tener como principal objetivo el cerrar el paso a las maniobras del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de celebrar una cumbre de los países de la zona euro, a la que no pertenece la República Checa y que relegaría una vez más a segundo plano a la Comisión Europea./P>
El temor de Barroso y Topolanek a que el encuentro el pasado fin de semana entre Sarkozy y la canciller alemana, Ángela Merkel, durante la conferencia de seguridad internacional en Munich, hubiera podido impulsar la celebración de esa cumbre de la zona euro decidió a ambos a anunciar una cumbre global de los Veintisiete.
La efectividad y los resultados prácticos de la cumbre a finales de febrero, que Topolanek y Barroso quieren limitar a un carácter informal, serán puramente testimoniales y servirán para poco más que intentar mostrar a los ciudadanos europeos que los líderes de los Veintisiete están preocupados por la crisis.
Ni la presidencia checa, ni la Comisión Europea se han distinguido hasta ahora por la aportación de alguna idea innovadora para hacer frente a la recesión. La presidencia checa, marcada por el profundo liberalismo del Gobierno checo y su hostilidad a la intervención de la UE en los asuntos económicos nacionales, no está preparada para aportar propuestas comunes.
La Comisión Europea de Barroso, que durante todo su mandato se ha caracterizado por un enfoque económico liberal opuesto a la regulación y la reglamentación, se encuentra también mal preparada intelectualmente para afrontar un periodo que requiere una decidida intervención Keynesiana en la economía para evitar que la actual recesión se transforme una profunda depresión económica.
Basta recordar que hasta la transformación de la crisis financiera en una debacle el pasado septiembre, el Ejecutivo comunitario se había resistido con uñas y dientes a presentar propuestas normativas para yugular los patentes desmanes del sector financiero. Incluso los planes nacionales de saneamiento del sector financiero y de recapitalización de los bancos, han sido aprobados a regañadientes por la Comisión Europea. Y además fue necesaria la reprobación pública del Banco Central Europeo (BCE) ante la injustificada tardanza y lentitud del Ejecutivo comunitario en aprobar esas medidas imprescindibles.
El autodenominado plan de reactivación económica, presentado por la Comisión Europea en otoño, tampoco aportada nada nuevo. El documento se limita a presentar de forma más o menos ordenada las diferentes medidas ya anunciadas previamente por los estados miembros de la UE y a repetir una serie de ideas vagas con poca concreción sobre la inversión pública, la investigación, el desarrollo de nuevas tecnologías, las infraestructuras y la energía. El minúsculo tamaño del presupuesto de la UE y las escasas competencias comunitarias en materia de política económica completan las limitaciones de una actuación europea.
Nadie debería esperar gran cosa de una cumbre que durará sólo unas tres horas y cuyo principal objetivo es que Topolanek y Barroso puedan aparecer ante las cámaras de televisión en una conferencia de prensa para asegurar que ambos están haciendo mucho para combatir la recesión.
La lucha contra la recesión ha quedado en manos exclusivas de los gobiernos nacionales, que siguen actuando con escasa coordinación a nivel de la UE y que se limitan a explicar a sus demás socios las medidas que ya han adoptado